Un cuidador explica cómo actuar con una persona con una demencia, enfermedad que sufren un 10 % de los gallegos con más de 65 años
03 jun 2013 . Actualizado a las 16:05 h.Cuando descubrió que la memoria de su madre empezaba a dibujar la vida con los trazos que marca el alzhéimer, Manel se mudó de casa y se fue a vivir con ella. Para no dejarla sola, para cuidarla y estar con ella las veinticuatro horas del día. En Galicia, en torno a un 10 % de la población de más de 65 años tiene algún tipo de demencia, un dato preocupante. Sobre todo porque no todos esos mayores tienen a un hijo o a un familiar dispuesto, como Manel, a mudarse con ellos para convertirse en cuidador a tiempo completo.
Esas personas, sobre todo cuando las patologías están en sus primeros estadios, corren mayor riesgo de perderse. «Suele ocurrir en trayectos cortos, cuando realizan actividades que les resultan cotidianas. Hay mayores que salen a comprar el pan y no vuelven porque se pierden», explican desde la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer en Ferrol (Afal).
«Tengo dos vivencias cercanas, la de mi suegro y luego la de mi madre. Mi suegro tenía bastantes despistes. Salía a caminar y a veces no sabía volver. Un día lo encontramos ya al anochecer en una zona a la que no acostumbraba a ir. Con mi madre fue diferente porque ya me incorporé a su vida diaria y tengo un control directo sobre ella», cuenta este cuidador a tiempo completo.
Aunque en el mercado hay chips, pulseras con GPS u otro tipo de instrumentos para tenerlos localizados cuando van a pasear, no han tenido mucha aceptación. La Consellería de Benestar puso en marcha en el 2006 un programa de geolocalizadores que, por medio de GPS, permite tener localizados a los mayores. Actualmente hay 200 usuarios en Galicia, de los que un 90 % tienen algún tipo de demencia y, por tanto, pueden sufrir algún episodio de desorientación al salir de su domicilio. Además, la Xunta está probando el nuevo programa piloto de teleasistencia avanzada MiAvizor que, por medio de unos sensores, ofrece información sobre los hábitos de los usuarios. El problema de este tipo de tecnologías es que muchas veces el beneficiario no las tolera. Ahí entra en juego la paciencia del cuidador.
Manel lo sabe muy bien. «El suegro conducía y, a veces, se despistaba y se perdía. Le dijimos que no convenía que fuera por ahí... hasta que se convenció», recuerda. Y añade que a estas personas nunca se les puede llevar la contraria.
«El hecho de conservar las rutinas diarias también resulta importante para mantener la calidad de vida de estas personas, lo mismo que resulta importante que continúen viviendo en el medio en el que han estado toda la vida», dice, aunque reconoce que eso no es posible hacerlo siempre.