Enconada lucha de poder en Roma

La marcha de Benedicto XVI condiciona el pulso entre Bertone y Sodano


redacción / la voz

«¿Quién no recuerda que ya en el inicio de la Iglesia había controversias?». Con estas palabras en el periódico L'Osservatore Romano, el cardenal Tarsicio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, salía al paso de su rivalidad con Angelo Sodano, que ocupaba ese cargo con Juan Pablo II y que hoy es decano del Colegio Cardenalicio.

Los principales críticos de Benedicto XVI argumentan que como papa se centró en su faceta intelectual y teológica pero dejó en manos de la curia -y más concretamente, de Bertone- el gobierno de la Iglesia. Eso explicaría en parte el descontrol sobre los escándalos surgidos durante su papado, como por ejemplo el Vatileaks, que, como reconocía ayer Lluís Martínez Sistach, cardenal-arzobispo de Barcelona, terminó por «desgastar al pontífice».

La curia vaticana, que es el conjunto de órganos que gobiernan la Santa Sede, está dividida en dos grandes partidos o cordadas: los diplomáticos o vieja guardia, grupo controlado por Sodano y que enrola a cardenales de carrera, y los bertonianos, agrupados en torno a su líder, segundo del papa.

La rivalidad entre estos partidos nace con la apuesta del jefe de la Iglesia por Bertone como secretario de Estado en el 2006. La vieja guardia no aceptó que un salesiano sin una formación deslumbrante desbancase a su candidato, el cardenal Giovanni Battista Re. Además, Sodano nunca superó que el cardenal Shönborn, amigo personal de Benedicto XVI, le acusase públicamente de ser «el gran defensor» del pederasta Marcial Maciel sin que el pontífice acudiese en su defensa.

Pero fueron dos escándalos recientes, el Vatileaks (filtración de documentos reservados) y el del Banco Vaticano, los que dejaron a la vista las luchas entre ambas cordadas.

Respecto al Vatileaks, el diario La Repubblica publicaba tres documentos reservados y esta carta anónima del topo que los filtró: «Echen del Vaticano a los verdaderos responsable de este escándalo: monseñor Gänswein [secretario personal del papa] y el cardenal Bertone. Una vez más, paga el chivo expiatorio [en alusión al mayordomo del pontífice]. Busquen la verdad en el poder central». Los bertonianos adivinan en el caso Vatileaks filtraciones del grupo de Sodano, mientras estos manifiestan su disconformidad con la inclusión en la curia de supuestos afines a Bertone, como los cardenales Bertello o Versaldi, en un presunto intento por tener más peso en la elección del futuro papa.

Pero estas luchas intestinas acaban de dar un giro de 180 grados. Expertos en el Vaticano consultados por La Voz de Galicia consideran que la renuncia de Benedicto XVI frena la pugna por el poder en Roma porque desactiva el pulso entre Bertone y Sodano. La muerte del papa habría desatado el juego de influencias y las maniobras en la curia, pero en este caso es el pontífice el que tiene las riendas de la transición y el que puede garantizar su equilibrio.

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