Siete minutos de terror en Marte

Raúl Romar García
R. romar REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

El aterrizaje del «Curiosity» marca el éxito o el fracaso de la misión

05 ago 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Siete minutos. Es el tiempo que separa la gloria del fracaso. Son los «siete minutos del terror» , como la NASA ha calificado el momento crítico de su misión más ambiciosa y costosa a Marte. Son justo los minutos eternos que transcurrirán entre las 7.24 horas y las 7.31 de la madrugada del lunes -hora española-, cuando la cápsula que transporta el robot explorador Curiosity entrará en la atmósfera de Marte y deberá posarse en su superficie.

Nunca antes la NASA había lanzado un ingenio de tan gran tamaño a Marte -casi una tonelada de peso-, como tampoco antes se habían puesto tantas expectativas en una misión. ¿Ha albergado vida en al algún momento el planeta rojo o puede tenerla aún?, ¿cual es el lugar más propicio para instalar una base humana en el astro? Son algunas de las decisivas preguntas a las que intentarán responder los científicos con la información suministrada por los diez instrumentos, uno de ellos español, con los que está dotado el robot para el estudio de Marte.

Pero para ofrecer respuestas será necesario superar antes los siete minutos del pánico. De lo contrario, Curiosity, la pieza clave del Mars Science Laboratory, se convertirá en una costosa chatarra de 2.300 millones de euros, el presupuesto de la misión. Y no será fácil, porque en el descenso pasará de una velocidad de 21.243 kilómetros por hora a otra de 2,74 kilómetros por hora, la necesaria para que el robot pueda desplegarse de una plataforma grúa y posarse con sus ruedas en la superficie del planeta rojo.

Un gallego en el equipo

La entrada en la atmósfera de Marte, descenso y aterrizaje supone un auténtico desafío para los ingenieros de la NASA, entre ellos el de origen gallego Fernando Abilleira, porque nunca antes se había probado con un robot de gran tamaño y porque el sistema utilizado para la compleja operación es nuevo.

El róver va plegado dentro de la sonda Mars Science Laboratory (MSL), que soltará un enorme paracaídas a 11 kilómetros de Marte. Luego, a ocho kilómetros se desprenderá el escudo térmico protector y cuando esté a 1,6 kilómetros de la superficie se soltará del armazón, junto con el paracaídas. Entonces entrará en acción una espectacular plataforma-grúa equipada con retrocohetes para rebajar la velocidad. A unos veinte metros dejará caer el robot, que durante unos instantes quedará suspendido por cables hasta posarse en el suelo sobre sus siete ruedas.

Una vez que toque el planeta rojo, unas cargas explosivas cortarán los cables y la grúa saldrá disparada para caer a varios kilómetros de distancia. El rover, teóricamente, ya estará en el suelo, aunque los científicos no respirarán tranquilos hasta que 14 minutos después del aterrizaje emita su primera señal.

Tras esta complicada maniobra, el vehículo robótico estará en el cráter Gale, cerca del monte de Sharp. El sitio, uno de los más bajos del planeta rojo, es el punto de convergencia de antiguos ríos, y por eso los datos podrían ser valiosos para intentar desenmarañar el pasado del astro en sus capas sedimentarias. Por tanto, la misión tiene el potencial de cambiar la forma en la nos percibimos en el universo, ya que nos hará conocer si hubo o no vida en Marte.

«Posar Curiosity en Marte es la misión más difícil jamás emprendida por la NASA en la historia de la exploración robótica planetaria», destacó John Grunsfeld, uno de los responsables de la agencia espacial. Pero no será solo un momento histórico para la NASA, sino también para España, ya que uno de los instrumentos del robot explorador es una estación meteorológica preparada para estudiar el clima y el medio ambiente de Marte que ha sido diseñada por el Centro Nacional de Astrobiología y construida por la empresa española Astrium-CASA en colaboración con Sener.