Titanes en la sartén gallega

SOCIEDAD

En la cocina del Asador de Roa preparan cada día comida para 250 personas.
En la cocina del Asador de Roa preparan cada día comida para 250 personas. santi m. amil< / span>

En el Asador de Roa, cinco cocineros le ponen buen humor a los 50 grados

18 jul 2012 . Actualizado a las 19:40 h.

A las dos de la tarde los 38 grados de la previsión meteorológica para la capital ourensana son un bonito recuerdo. No hay en toda la ciudad de As Burgas un termómetro que baje de los 40. Entrar en el Asador de Roa es como entrar en el paraíso, pero solo mientras no se traspasa la puerta de la cocina. En el territorio de Miguel Hidalgo Bóveda hasta Lucifer sudaría la gota gorda. Él y cuatro cocineros más se afanan preparando las primeras comandas. Hasta las cuatro de la tarde pueden llegar a salir de sus manos viandas para 250 personas, aunque «ahora, en verano, al estar en una ciudad de interior, el ritmo baja un poco», señala el jefe de cocina.

A pleno rendimiento, seis fogones, dos parrillas, dos planchas, dos freidoras, dos hornos y otra media docena de electrodomésticos se confabulan para poner a prueba la resistencia humana. «Aquí la mayoría de los pedidos son a la carta, no es como preparar para una boda o un banquete de doscientos que tienes mucho adelantado; podemos estar rondando los 50 grados sin esfuerzo; y eso sin contar el horno de leña», apunta socarrón. La broma no es baladí. Aunque el horno que hace famoso al asador está en el piso de abajo -y los cocineros solo soportan el bufido de los 500 grados a los que puede llegar cuando abren la compuerta para retirar un suculento asado-, hay que hacer pierna por la escalera, recoger la vianda y subirla para emplatar en la cocina.

La amplia sala de trabajo dispone de grandes ventanales, pero abrirlos no aporta gran alivio cuando uno está en lo que muchos conocen como la sartén gallega. El aire acondicionado es una idea ingenua y el ventilador una ocurrencia torpe de periodista, «porque se apagarían los fogones», nos ilustran.

Sin lipotimias

A pesar del ritmo de trabajo, el buen humor reina en la cocina. «Tiene una recompensa física, en un par de meses pierdes kilos que da gusto», bromean. Para Hidalgo también es cuestión de mentalización. No recuerdan haber sufrido ninguna lipotimia, aunque sí reconocen que en algún momento alguien pudo sentir un ligero mareo.

«En realidad aquí le tenemos más miedo al catarro; es con mucho el problema de salud más común en verano», asegura Hidalgo. La razón es la cámara frigorífica. Afirman que más de diez segundos para recoger cualquier cosa supone tal contraste «que es fácil pillarlo».