El nombre de la NASA va asociado indisolublemente al programa espacial que permitió al género humano llegar a la Luna. Pero eso fue el año 1969 y desde entonces, es decir en estos cuarenta y dos años, la trayectoria de este organismo está llena de claroscuros. Entre los logros debe contabilizarse el éxito de la lanzadera espacial con más de cien misiones realizadas. Entre los fracasos, la cancelación del programa para definir el vehículo que debería haber reemplazado a dicha lanzadera o las dudas sobre el programa de exploración de Marte. A todo ello no es ajena la incertidumbre a que ha estado sujeto este organismo, que no depende del Gobierno, sino del Congreso, y las distintas mayorías parlamentarias no siempre han marcado la misma hoja de ruta, ni han coincidido en la misión que debería cumplir.
El resultado ha sido la creación del programa COTS (Commercial Orbital Transportation Services), por el que NASA financia a empresas privadas para que desarrollen vehículos capaces de llevar a cabo misiones espaciales. El Dragón supone un avance tecnológico muy importante y será muy apasionante ver su funcionamiento real en los próximos meses.