Es una lástima que algunos gobiernos tengan poca credibilidad cuando presumen de velar por la sanidad pública. La iniciativa escocesa no es mala, aunque en el fondo se adivina un afán recaudatorio. En España serviría al menos para sacar a muchos chavales del parque etílico, pero ya es dudoso que el chuzas que «bebe hasta morir», como dice la ministra Sturgeon, deserte del pub porque le suban la cerveza a 1,2 euros. Ahora bien, que el Partido Nacionalista (SNP) esté dispuesto a perder el referendo por la independencia de Escocia con medidas tan populares como esta evidencia la altísima rentabilidad del impuesto sobre el alcohol, más lucrativo que educar a la población, que es lo que de verdad hay que hacer. Una búsqueda de rentabilidad que empieza a intuirse en España, y lo que probablemente ignoran aún los de la falda de cuadros es que también tendrán que rascarse el bolsillo cuando vengan de vacaciones a la sombra del Teide.