Ninguno de los grandes partidos se opuso al proyecto de crear un almacén nuclear, pero los problemas empezaron cuando había que decidir la ubicación. Entonces nadie lo quería. La decisión tenía un coste político que a un debilitado PSOE le costaba asumir con elecciones municipales, autonómicas y generales de por medio. Ahora el PP, respaldado por su mayoría absoluta, lo ha hecho de forma inmediata. También hubo notables cambios de opinión, como el de María Dolores de Cospedal. Cuando era aspirante a gobernar Castilla-La Mancha no lo quería. Ahora su gobierno dice que la elección de Villar de Cañas es «una magnífica noticia».
¿Quién inició el proceso?
El proceso se inició en abril del 2004 cuando así lo decidió por amplia mayoría la Comisión de Industria del Congreso, que acordó nombrar una comisión interministerial para que empezase los trámites. En junio se aprobó el Plan General de Residuos Radiactivos, que apostaba por el ATC. En diciembre del 2009, el Gobierno del PSOE abrió la convocatoria para que los municipios optasen a albergar la instalación. El pasado año, un comité técnico hizo su propuesta, que se llevó a un Consejo de Ministros, aunque en ese momento se aplazó la decisión.
¿Es una instalación segura?
La instalación, tal y como está concebida en el proyecto, tiene la apariencia de una nave y está, teóricamente, preparada para resistir terremotos, inundaciones y ataques terroristas.
¿Solo España apuesta por este modelo?
No. España sigue la tendencia mundial. Lo tienen Estados Unidos, Rusia o Japón y en Europa países como Bélgica, Francia, Alemania, Reino Unido u Holanda. El complejo de España seguirá el modelo del holandés.
¿Había otra alternativa?
Para los técnicos no, aunque Greenpeace aseguró ayer que sería más seguro y hasta veinte veces más barato que los residuos radiactivos se depositasen en almacenes temporales individualizados en las propias centrales. Ya hay varios.