Una bodega gallega empezará a abonar sus cepas con algas de Arousa
17 nov 2011 . Actualizado a las 13:36 h.La sostenibilidad no es un invento nuevo. Quizá sin saberlo, las generaciones pasadas ya aplicaban estos criterios a la hora de explotar los recursos naturales. En las Rías Baixas hace mucho que descubrieron las ventajas que ofrece el maridaje entre mar y campo, de modo que las algas que las mareas dejan en el litoral llevan décadas alimentando los suelos en los que crecen patatas, repollos o vides.
Lo de bajar a la playa con el carro de vacas para cargar lechuga de mar es ya una estampa del pasado. Ahora, los agricultores siguen haciéndolo emulando a sus padres y a sus abuelos, pero con tractores. La experiencia les dice que los vegetales marinos son un excelente abono, y no parece que vayan desencaminados. Actualmente, hay muchos abonos químicos que incorporan algas marinas entre sus componentes, abonos que, curiosamente, están comprando cooperativas agrarias y vinícolas de O Salnés.
Vuelta a los orígenes
¿Y por qué no coger directamente las algas de la playa? Eso es lo que han pensado en Bodegas Martín Códax (Cambados), donde están dispuestos a experimentar nuevas fórmulas siguiendo la estela de la tradición, así que, por primera vez, esta campaña abonarán sus cepas de albariño con algas marinas.
«Apostamos por aproveitar a cercanía do mar para pechar o ciclo produtivo sen depender de recursos externos. Coa desaparición de explotacións de gando vacuno non hai tanta materia orgánica e pensamos que se podía dar unha volta ás orixes e manter a fertilidade das terras con abonos orgánicos», según explica Miguel Tubío, director técnico de Martín Códax. La bodega se ha puesto ya en contacto con la agrupación de mariscadoras de Vilanova con el fin de evaluar la posibilidad de recoger las algas de sus playas, y por lo que a ellas respecta no va a haber problema. De hecho, conviven desde siempre con esta realidad. Cuando el manto verde asfixia al marisco, ellas mismas recogen las algas y las apilan para que puedan ser transportadas en los tractores. Y no es raro encontrarse en estas tareas de campo a un mejillonero que por la mañana salió del puerto rumbo a la batea o a un rañeiro que regresa de la lonja. Estos residuos marinos casi siempre se destinan explotaciones de tipo familiar y pequeño tamaño. Por eso la iniciativa de Martín Códax supone un salto cualitativo en esta práctica, dado que se desarrolla en el ámbito empresarial y puede abrir amplias posibilidades en un sector tan potente como el del vino.
El ensayo se realizará en la primavera, cuando toca abonar, y a partir de ahí se realizará un seguimiento técnico para evaluar los resultados. La idea es complementar las algas con los subproductos derivados de la actividad vinícola -restos de poda, del bagazo y los raspones- , y conseguir así un fertilizante natural y asequible. Tubío no tiene dudas de que la experiencia resultará «positiva». Otra cosa será ver si tiene aplicaciones a gran escala. Por algas no va a quedar.
Una práctica con pros y contras
Como en todo, el pecado está en el exceso. Muchas tierras se estragaron porque recibieron demasiada materia orgánica proveniente del mar, de modo que suelos que eran ácidos por naturaleza se convirtieron en básicos (con exceso de calcio). «Hai invernadoiros que, vinte anos despois, aínda hai cuncha de mexillón no chan», según explica Neida Vila Lago, del departamento técnico de la cooperativa Horsal. Pero con un «bo manexo» pueden ser «un gran abono»: aportan materia orgánica y disminuyen la acidez.