Diosa Sekhmet

María Consuelo Varela

SOCIEDAD

13 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La conocí en unas vacaciones de otoño en Madrid. Naiala era de El Cairo y compartía piso con una buena amiga mía. Allí estudiaba Filología Hispánica, pues adoraba nuestro país.

Me pareció muy exótico conocer a alguien de la antigua Al-Qahira. Pensaba que estaríamos en las antípodas en muchas cosas, pero pude constatar después que la naturaleza humana es igual en todas partes. Por estar ocupada mi amiga, pidió a Naiala que me hiciera compañía en su tiempo libre, mostrándome mi excelente guía egipcia todo el encanto de Madrid, al tiempo que contaba historias de su tierra. Entre otras cosas, me habló de la falta de libertad que tenían allí las mujeres.

Al constatar su enérgica personalidad, me parecía imposible que pudiera ser su caso.

Me explicó que la presión social era muy fuerte, al contrario de lo que sucedía en el antiguo Egipto, donde las mujeres vendían, compraban y negociaban, mientras los hombres se dedicaban a coser, hilar y tejer.

Al despedirnos me di cuenta de que el tiempo compartido nos había hermanado profundamente.

Esta mañana veía en televisión cómo la muchedumbre llenaba la plaza Tahrir de El Cairo...

¡Impresionaba ver al pueblo unido en su lucha por las libertades!

En un momento dado comenzó a hablar una destacada líder feminista, impulsora de la revolución, que decía: «Es el momento de la mujer egipcia»... «Vamos a juntar un millón de mujeres en esta plaza para luchar por nuestros derechos»...

La miré muy atenta, y asombrada comprobé que era mi apreciada Naiala... orgullosa, luchadora y fuerte como la antigua diosa Sekhmet, cuerpo de mujer y rostro de leona.