El A30X en el que ahora se está trabajando en una fase previa aún de diseño no está previsto que sea comercializado hasta la próxima década. Además de en el diseño y en otras mejoras que se introducirán, una diferencia fundamental con respecto al A-320 es que no va a ser un reactor. Los reactores se cambiarán por hélices de altas prestaciones. De esta forma será más eficiente y consumirá menos, pero con la misma seguridad y prestaciones.
El grupo que participa en el diseño de la nueva aeronave acaba de entregar sus cálculos a Airbus, el fabricante europeo y gigante de la aeronáutica mundial con el que el grupo de Mecánica de Estructuras mantiene una relación estable desde hace varios años. «Todo empezó con un trabajo que nos pidieron para el A-380, y desde entonces hemos trabajado de forma ininterrumpida con ellos. Estamos muy contentos y es una satisfacción trabajar con Airbus», explica el catedrático Santiago Hernández Ibáñez.
El equipo también ha colaborado con la NASA en la optimización de la estructura de las lanzaderas espaciales que sustituirán a los transbordadores que están a punto de retirarse, aunque este proyecto lleva años parado. En la actualidad participa en el proyecto Maaximus, financiado por la Unión Europea y que está destinado a aumentar la calidad y competitividad de la industria aeronáutica europea mediante la creación de un consorcio de empresas y centros de investigación.