as vacunas de la gripe disminuyen la probabilidad de que una persona se contagie y padezca la enfermedad. Debido a la gran capacidad de los virus gripales de adaptarse, la composición de la vacuna debe actualizarse cada nueva temporada y administrarse anualmente, entre septiembre y noviembre. Por ello, desde hace mucho tiempo se busca alguna parte del virus que no varíe periódicamente y que sea común a todos los influenza, permitiendo una vacuna universal, que nos proteja indefinidamente. Los hallazgos de la doctora Gilbert y su equipo nos sitúan más cerca de lograrlo. En su prototipo vacunal usan unas proteínas que están en el interior del virus (y no en la parte externa, como en las vacunas actuales), que permanecen inalteradas año tras año en los diferentes subtipos virales, y que son capaces de inducir una respuesta protectora, estimulando las células T, clave en nuestro sistema defensivo que destruye eficazmente cualquier célula infectada. Esta prometedora estrategia se está investigando también para el desarrollo de vacunas contra el sida, la malaria o diferentes tumores. A pesar del tratamiento frívolo que la gripe recibe, afecta cada año a billones de personas. Todavía tienen que superar muchos requisitos, pero las vacunas basadas en células T nos pueden hacer mucho más fuertes frente a la gripe. Así sea.
L