Atiende en su escaso tiempo libre, entre un peeling corporal y una cita para probar el postre de la cena que ofrecerá en próximos días. Y poco a poco va repasando los veranos de su vida. Es Josemi Rodríguez-Sieiro, cronista social: «De niño, en Vigo, íbamos a la playa con mi madre y con la niñera. Las tardes, las pasaba en el Club de Campo. Recuerdo los concursos hípicos o los campeonatos de tenis. Vi jugar a Santana (hoy muy amigo mío) y a Couder, las figuras de la época», sigue Josemi, que habla de un antes y un después de algunos veranos en el extranjero aprendiendo inglés y del momento en el que su padre le compró una lancha. «Ahí empecé a recibir visitas de amigos de Madrid, y hacíamos excursiones a las Cíes o, por supuesto, a La Toja».
Toca ahora mencionar su lugar sagrado: «Mi madre viene al Gran Hotel desde que tenía 13 años y yo no faltó ningún verano?». ¿Y cómo es un día típico en la isla? «Me levanto no muy tarde y aprovecho para escribir. Después me hago algún tratamiento y es muy raro que salga a almorzar, porque me reservo para las cenas. Siempre tengo alguna invitación y, con lo que mejoraron las carreteras, no me da pereza ir a ningún sitio». ¿Y playa? «No me gusta la arena. Yo pienso que las playas deberían estar alfombradas hasta la orilla», sentencia. ¿Y verbenas? «Jamás. Demasiadas fiestas tengo yo como para meterme en una verbena, que nunca sabes lo que te puede deparar. Imagínate lo que puede suponer en una verbena una aparición mía».
Pero su verano tiene otros escenarios, que empezó a explorar cuando «un buen día vino un individuo» y le compró una lancha: «Empecé a veranear en Palma, Marbella e Ibiza. Me hace mucha gracia porque allí, cuando me vengo para aquí, siempre me dicen: ''Así que te vas a la tranquilidad de Galicia, ¡qué suerte!''. Y yo siempre les contesto: ''¿Qué os creéis, que en Galicia vivimos anclados en 1920? Allí la gente recibe igual que aquí, y pasea en barco igual que aquí, y da fiestas en su casa igual que aquí''».