Según el masajista Marcos Redondo, el relax de las vacaciones no es suficiente para eliminar las tensiones de los once meses restantes.
14 ago 2010 . Actualizado a las 02:21 h.Sin mediar palabra, a Marcos Redondo le basta con palpar el pescuezo de un cliente para reconocer el que llama «cuello de Madrid». «Normalmente la gente de allí suele tener muchas contracturas en los músculos que fortalecen y sujetan el cuello -explica-. Y suele ser porque tienen el sistema nervioso central más activado en defensa. Más estrés, más rapidez, tráfico, atascos y las posturas de trabajo en oficinas agravan todo».
Los gallegos no hemos llegado a tales extremos. «Es curioso, pero no alcanzamos esos niveles de estrés», comenta este masajista. Aunque, a veces, el relax de las vacaciones no es suficiente para eliminar las tensiones de los once meses restantes. Es ahí cuando turistas y oriundos cambian el sol por la penumbra y coinciden en las salas de masaje oriental de Mantra en el Real Club Náutico de Sanxenxo para ponerse en manos de Redondo y su compañera, Glenia Magdalena.
En ocasiones, el cliente va con una idea preconcebida sobre el masaje que desea, acuciado por un dolor concreto. La oferta (puede consultarse en su web) incluye los tradicionales asiáticos, entre ellos el tailandés, el shiatsu, ayurvédico, masaje hindú con los pies, de relajación con aceites esenciales... Pero Redondo subraya que su trabajo está en observar «cómo se mueve el cuerpo» y la constitución de la persona antes de declinarse por la solución para «ayudarla a desconectar». Para una periodista «que quiere controlar todo», la propuesta es un tailandés, que aúna el trabajo en cuerpo, mente y espíritu. Para ello hay que enfundarse un pantalón thai y tumbarse en el tatami, mientras la conversación nos va llevando por los pormenores de todas estas técnicas.
Con unos músculos rígidos y el bloqueo mental que se trae de casa, lo primero son los golpecitos con un palo y un cincel de madera desde la espalda a los tobillos. Después llega el trabajo de presión con las manos, con los pies y los estiramientos, que a priori una recibe pensando que de un momento a otro va a hacer crac, pero que al final la dejan como nueva. Es lo que llaman «el yoga del vago», todo lo hacen por uno. ¡Lo más parecido a estar de vacaciones trabajando!
Además de turistas y esta cronista, en verano la lista de políticos, empresarios y deportistas que se ponen en sus manos se eleva. Los primeros llegan, dice, «muy estresados», y los últimos intentan recuperar músculos sobrecargados. Algunos nombres conocidos que también lo han probado son los actores Verónica Sánchez o Celso Bugallo. A la intérprete la conocieron por unos amigos comunes y el masaje se lo dieron en Kioto (Japón). Y es que el país nipón es uno en los que se ha formado Redondo, además de la India, el Himalaya y Tailandia. En su caso, su actividad profesional comenzó en hoteles de A Toxa y Sanxenxo, pero «era algo más comercial» y él se decantó por el lado espiritual. Ahora forma también a masajistas en el otro local de Mantra en Pontevedra, como sede de la Academia Galega de Masajes Agamatema. Los cursos empiezan en octubre y hay demanda. Baste como ejemplo que un turista le ha contratado para que vaya a darle masajes a Londres cuando regrese. O que en un próximo fin de semana él y Glenia estarán en Madrid destensando a 40 personas. «Amo lo que hago. Que puedas viajar dando masajes...».