Lo primero que siente es repugnancia. Después viene la rabia. Stefanie Schneider no calla cuando se le pregunta sobre los abusos sexuales en la Iglesia católica. Lo sufrió en carne propia, durante diez años, por culpa de curas en la diócesis de Münster, una de las zonas más católicas de Alemania.?Con la carta pastoral que el papa divulgó sobre los abusos sexuales en Irlanda, la ira de Schneider se multiplicó. No entiende lo que el Papa quiere expresar al decir que «lamenta profundamente los abusos».
«¿Eso es todo lo que tiene que decir? ¿Que lamenta lo que hicieron los curas irlandeses en el pasado y nada más? Stefanie Schneider está consternada. ?«Estos hombres viejos y fríos de la Iglesia católica no quieren cambiar en nada las estructuras de su Iglesia, sobre todo nada en su visión de lo que creen que es sexualidad», piensa Schneider, una mujer de unos 40 años. Su identidad real es otra, la oculta porque aún vive en la ciudad en la que padeció los horrores. «Lo que falta a mi entender es reconocer que el abuso sexual masivo de menores en la Iglesia católica es consecuencia directa de las estructuras mismas de la Iglesia», denuncia.