La alcaldía carioca instala miles de baños portátiles y detiene al que orina en la calle como muestra de orden de cara a la organización del Mundial y las Olimpiadas
15 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El carnaval de Río es fiesta y multitud, con todo lo que ello conlleva. Es decir, una ciudad colapsada en la que tres millones de personas se tiran a la calle a bailar y beber. Y a orinar. Algo tan simple como eso se convierte, habitualmente, en un dolor de cabeza para las autoridades de la ciudad, dado que la calle es el baño que tienen más a mano los millones de personas que participan de la fiesta. Hasta este año. La designación de Río como sede del Mundial de fútbol del 2014 y de los Juegos Olímpicos del 2016 ha provocado el esmero de la alcaldía carioca en cuidar su imagen y ha dado pie a una suerte de mano dura con aquellos que miccionan donde no se debe, con más razón cuando el termómetro alcanza los 45 grados y no llueve.
Solo en el primer día del carnaval fueron retenidos y multados setenta hombres y tres mujeres por hacer del asfalto un inodoro. Para evitar que la gente no orine en la calle la alcaldía ha elaborado una llamativa campaña de concienciación, que incluye cartelería patrocinada por compañías de cerveza, y ha dispuesto 3.200 baños portátiles a lo ancho del territorio, lo que no ha evitado la picaresca carioca: la policía detuvo a varias personas durante el fin de semana por cobrar a la puerta de los inodoros plásticos y también a otras dos que trataban de llevarse dos cabinas a su casa.
Todo es posible en una ciudad que vive por y para el carnaval, y que de alguna manera sirve a las autoridades como test de experiencia para las aglomeraciones que implica un Mundial y unos Juegos Olímpicos. Más de 700.000 turistas recibe Río estos cinco días, y por primera vez se incide en detalles de imagen que antes se tenían poco o nada en cuenta, para demostrar que la capacidad de organización de la ciudad no se queda en los cinco días de delirio festivo en la ciudad maravillosa. Por paradójico que parezca, en carnaval los índices de criminalidad descienden, algo que el gobierno de la ciudad también atribuye al gran despliegue policial en las calles que vela por la seguridad de los cariocas. Y este año también de los edificios y el asfalto.
Lo que no ha podido evitar la policía es la imagen de corrupción que carga todavía Brasil en sus instituciones, y que este año ha salpicado al carnaval. El pasado jueves ingresó en prisión el gobernador del estado de Brasilia acusado de cobrar comisiones ilegales y luego sobornar a un periodista para entorpecer la investigación. Una de las escolas más renombradas de Río, Beija-Flor, recibió del gobierno de Brasilia 3 millones de reales (un millón doscientos mil euros) para la organización de su desfile, dedicado al cincuentenario de la capital brasileña.
Ante lo sucedido con el gobernador, la escola se ha apresurado a decir que, pese al carácter satírico del carnaval, en las letras de su samba ni en las alegorías habrá referencia alguna a la corrupción.