Doce ciclistas cada día en Santiago

Adrián D. Bóveda

SOCIEDAD

El servicio se plantea como un medio de transporte barato para los universitarios

03 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El servicio municipal de préstamo de bicicletas de Santiago, Combici, funciona desde el mes de julio del año pasado, y aunque en sus inicios experimentó un bum esperanzador y mucha gente se animó a pagar los diez euros que cuesta el uso durante 12 meses, un año después de su apertura se observa que la actividad es anecdótica.

La buena disposición inicial al desplegar numerosas estaciones base, el interés mostrado por decenas de usuarios y el apoyo de los políticos locales, con paseíllo y foto periodística incluida, se han quedado en nada. Los estudiantes, en los que los impulsores habían depositado mucha fe, ignoran los puestos de alquiler de bicicletas, situados en siete puntos estratégicos de la ciudad, hasta el punto que, de media, solo las usan 10 o 12 personas al día. Asegura José Ramón Mosquera, gerente la empresa municipal de transportes de Santiago que, a pesar de todo, se han encontrado varios perfiles de usuarios del servicio. «O cliente máis fiel é o estudante universitario, que se plantexa a bicicleta como o seu medio de transporte para todo o ano». Afirma José Ramón que «xa pode chover, ventear ou facer sol, que o rapaz vai ir en bici aos seus destinos na cidade».

El directivo cita otro tipo de usuarios, como los que hacen uso de la bicicleta solo cuando el tiempo lo permite -no tantos días como en California, pero no menos que en Ámsterdam- o los que conciben el servicio como una forma alternativa de ocio, utilizando la bicicleta para pasear durante una hora, que es el tiempo máximo del que dispone el usuario para entregarla en una de las estaciones.

Tampoco en invierno

Alrededor de 500 personas se han abonado al servicio de préstamo de bicicletas desde su puesta en servicio hace ya más de un año. Pero se puede afirmar que las bicicletas tampoco son para el invierno en Santiago, ya que este medio millar de clientes no es un número representativo si se observa que durante el curso académico, temporada en la que el servicio experimenta su auge, no se producen más de 20 o 25 desplazamientos diarios, una cifra ridícula teniendo en cuenta que se trata de una ciudad que tiene oficialmente 95.000 habitantes -la gran mayoría de ellos jóvenes-, pero en la que entran a diario unos 100.000 coches.

Otro de los puntos negros del servicio es el horario. Mientras que en verano los santiagueses pueden retirar las bicicletas desde las ocho de la mañana, en invierno el servicio no está activo hasta las nueve, por lo que los estudiantes que entran a primera hora y quieren ir a clase pedaleando no lo pueden hacer. Tampoco tienen la posibilidad regresar a casa los que estudian hasta última hora, ya que el servicio solo permanece activo hasta las 18 horas. Por otro lado, la ciudad está muy acostumbrada al coche y el cambio a la bicicleta no parece convencer a más de una ínfima minoría. A este hecho se le suma que no se encuentra más de un carril destinado al tráfico rodado de bicicletas en toda la capital. Está en el barrio de Fontiñas.

El concejal de Tráfico, Carlos Nieves, insta a la población a hacer uso de este servicio y espera que «ao longo deste curso sexa maior o número de persoas que se animen a desprazarse en bicicleta».