Una nueva cara a quien la precisa

Ana Carolina Moreno

SOCIEDAD

España y el resto del mundo se movilizan para desarrollar y difundir el trasplante parcial y total de rostro

16 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La técnica de trasplantar partes del rostro de un cadáver a una persona viva para reconstruirle la cara se va despegando poco a poco de su condición de «experimental». Aunque es una cirugía puesta en marcha solo siete veces desde el 2005, la media de operaciones se ha triplicado este año, y cada vez más médicos de todo el mundo empiezan a prepararse para adoptar este tratamiento quirúrgico.

En España, los hospitales La Fe, de Valencia; Virgen del Rocío, de Sevilla, y Vall d'Hebron, de Barcelona, recibieron autorización de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) para promover la cirugía. Todos los casos de candidatos al trasplante de cara aún son analizados individualmente por la ONT, y en este momento no hay pacientes esperando por este informe positivo. La identidad de los tres únicos españoles que solo aguardan un donante para recibir una nueva cara permanece en secreto.

Y una nueva vida también. James Maki, que en abril se convirtió en la última persona hasta ahora en someterse a la técnica, se cayó sobre los raíles electrificados de una estación de metro en Boston (Estados Unidos) seis meses antes de que Isabelle Dinoire, una francesa de 38 años, entrara en el quirófano y, 15 horas después, salía con una boca y una nariz nuevas. El estadounidense perdió la nariz, las mejillas, la pestaña derecha, el labio superior y el paladar.

«Decían cosas pensando que no las escuchaba, o gritaban cuando se volvían y veían mi rostro. Entonces yo evitaba salir de casa», contó desde el hospital este ex combatiente en Vietnam, que se había retirado después de un aneurisma y ya planeaba volver a estudiar después de los dos meses que estuvo ingresado, cuando incluso tuvo que tomar esteroides para combatir dos crisis menores de rechazo.

El alto riesgo de que las células trasplantadas no sean aceptas por el inmunosistema es el principal obstáculo para que los profesionales de salud dejen de considerarla una técnica experimental. Como aún no hay datos suficientes, no se sabe por cuánto tiempo los inmunosupresores son necesarios ni si la nueva cara tiene una «fecha de caducidad». Y, hasta ahora, no todas las historias han tenido un final (medio) feliz.

El granjero chino Li Guoxing abandonó el tratamiento con inmunosupresores y decidió tomar plantas medicinales mientras se adaptaba a la cara reconstruida con partes de un donante, tras serle arrancada por un oso, en el 2006. Falleció dos años después, pero la familia no autorizó una autopsia que revelaría si la causa de su muerte se debió a complicaciones de la cirugía.

Además del paciente de China, un francés que había recibido un nuevo rostro y una mano en abril de este año, después de un accidente, falleció durante una segunda operación. La otra persona operada el 2009, un hombre acribillado en la cara por una espingarda, sigue en recuperación y su identidad se mantiene oculta.

Una bala también provocó daños graves a la cara de Connie Culp, cuando su marido intentó matarla y suicidarse. La estadounidense tuvo que someterse a 30 cirugías antes del trasplante que cambió un 80% de su rostro, y le devolvió la capacidad de respirar, y de sonreír, por su propia cuenta. A su vez, Pascal Coler es el único de estos siete pacientes que tuvo su rostro desfigurado por una enfermedad y no un accidente. El francés se enfrentó a decenas de cirugías para retirada de tumores faciales provocados por una neurofibromatosis, desde los 6 años de edad, que le deformaron la cara. Hoy ya sale de casa y encontró trabajo como contador.

En todos estos casos, a los pacientes les faltaban funciones básicas, pero lo que argumentan los más escépticos es que esta es una operación demasiado compleja, y con efectos colaterales de gran relevancia, pero que no salva la vida a nadie. Por lo menos no en el sentido literal de la palabra.