«E-readers» en plena evolución

Ana Carolina Moreno

SOCIEDAD

Las empresas crean sistemas electrónicos cada vez más completos para la lectura ?de libros y periódicos, pero los usuarios critican la escasez de fotografías y gráficos

10 ago 2009 . Actualizado a las 10:42 h.

Los 2,2 millones de personas que se comprarán un lector electrónico Kindle antes del 2011, según prevén los analistas, podrán considerarse parte de una historia en construcción. A ellos se sumarán los usuarios del KindleDX, la nueva generación desarrollada por Amazon, los del Digital Book de Sony y los de otros modelos ya en el mercado. El e-reader, que permite la lectura de versiones digitalizadas de libros, periódicos y otros archivos de texto, es considerado por los teóricos como el más reciente de los medios de comunicación.

Como está en sus primeras etapas evolutivas, el grado de experimentación aún es alto y, por tanto, su uso queda restringido de momento a quienes tienen espíritu aventurero y pasión por la tecnología.

La experta en márketing Linda Higginbottom tiene mucho de estos dos ingredientes. Cumplió 47 años hace casi tres semanas, pero esperó con paciencia hasta el pasado miércoles, cuando el regalo que había pedido llegó por fin a su casa. «Tengo mi nuevo KindleDX. Me encanta el sistema y yo aún no me he comprado nada», publicó en su página de Twitter cuando le llegó el paquete de Amazon.

Linda es una novata de los lectores electrónicos. Pero por una razón muy sencilla: «El DX es más grande que el modelo anterior, y yo preferí esperar a que saliese el nuevo formato», explica esta estadounidense de Riverside, en California. Añade que usa su nuevo lector electrónico durante el tiempo que pasa en el tren, camino del trabajo, porque el hecho de que los vagones siempre estén llenos de gente complica las tareas de aguantar un periódico en papel y pasar las páginas.

Según la nueva integrante del club de fans de e-readers , que incorpora unos 55.000 adeptos cada mes, solo en Estados Unidos cumple el modelo DX, en el plano técnico, con los objetivos ideados por Amazon para incentivar el consumo de periódicos y revistas en versión digital. Linda admite estar impresionada por la facilidad de lectura, tanto por el contraste como por el tamaño de las letras. Y destaca el hecho de que, a pesar de acercarse a una edad en la que necesitará gafas para leer, con la pantalla de su flamante regalo de cumpleaños no tendrá problemas.

Además de la comodidad, está contenta con la simpleza del sistema. «Apenas leí las instrucciones y empecé a usarlo, hice mis primeras compras sin dificultad ni agobio», asegura esta experta en márketing, que ya ha encontrado promociones de su agrado, como la colección completa de Jane Austen, a 99 centavos de dólar cada libro.

Producto nacional

No fue solo el hecho de que Papyre sea un lector electrónico fabricado por una empresa española lo que hizo que el informático Raúl Bustamante tuviera que pagar 350 euros en marzo del año pasado para tener uno. La imposibilidad de adquirir un Kindle, por no vivir en Estados Unidos, fue también un factor determinante. Y sin embargo, este bilbaíno afirma ahora que no sustituiría su modelo español por otro importado.

Su compra tuvo un objetivo muy concreto. «Me gustan los libros de ciencia ficción antiguos y son muy difíciles de encontrar en librerías. Tengo que buscar por todas las tiendas de la ciudad y, a veces, ni así puedo conseguirlos», explica el informático. En Internet, sin embargo, se pueden localizar con facilidad otros amantes del género dispuestos a escanear y compartir algunas de sus reliquias con el resto del mundo. Para leerlos, Bustamante decidió no usar la impresora, sino la pequeña pantalla de seis pulgadas de su Papyre.

Algo que define a la mayoría de los pioneros en el uso de e-readers es la soledad. «Nunca he visto a nadie que tenga un lector electrónico», revela Bustamante. Aunque España está relativamente aislada de las vías de comercialización de este nuevo sistema de lectura, la situación no es muy diferente en Estados Unidos, donde el lector empieza a conquistar lentamente al usuario medio, el que no trabaja con tecnología ni es un entusiasta de la innovación.

Linda Pitelka, una profesora de historia estadounidense de San Luis (Misuri), es una entusiasta del KindleDX. Tiene uno desde hace seis semanas y ya es parte de su vida cotidiana. «Leo con él el New York Times todos los días», afirma Pitelka, que, sin embargo, echa en falta imágenes, gráficos y otros elementos visuales de la versión en papel que aún no se incluyen en la electrónica. La profesora, de 62 años, está satisfecha con la velocidad de conexión 3G gratuita a la red Whispernet, de donde hace descargas sin dificultad, pero afirma que el e-reader todavía tiene mucho camino por recorrer hasta que pueda compartir más espacio con el papel en el corazón (y el bolso) de los lectores.