Moraña no es para vegetarianos

SOCIEDAD

El Carneiro ao Espeto volvió a reunir en la villa pontevedresa a miles de personas que degustaron unos 170 animales asados a fuego lento desde la mañana

27 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ajenos a lo que estaba ocurriendo en el embalse del Umia, donde un joven morañés pereció ahogado, miles de personas dieron ayer buena cuenta de los más de 170 carneros cocinados en la fiesta del Carneiro ao Espeto de Moraña, 130 de los que fueron destinados a los lotes del «xantar popular». De nuevo, la cita se convirtió en una explosión gastronómica salpicada por el color de las camisetas de las peñas y por la música que ponían las charangas o los voluntarios que, con más ganas que estilo, entonaron las canciones habituales en estas citas. Menos mal que, al final, Tom, el cantautor, puso las cosas en su sitio. No fuera que la jornada terminara con lluvias.

Pero a la moda no solo fueron las peñas. También algunos cocineros, los que asaban los carneiros a fuego lento desde primera hora de la mañana estrenaron uniformes que, en esta edición, fueron adquiridos por el Concello. Esa estampa, en conjunto, llevó al secretario de los socialistas gallegos, Manuel Vázquez, a manifestar que la cita de Moraña aúna gastronomía y estética.

Una cita que, incluso, hechizó a una pareja de argentinos. Nada de extrañar sino fuera porque la cocción de los carneros es un fiel reflejo del asado pampero: «Es muy familiar a lo nuestro, pero más que todo destacaría el ambiente que se genera en esta plaza, en este espacio público», reseñó Edgar Blasco.

Cantando, bebiendo o devorando los aproximadamente 1.800 comensales reunidos en la carballeira de Santa Lucía dieron buena cuenta en cuestión de minutos del manjar que había estado haciéndose en la cuarenta edición de esta fiesta. Y eso que, por un error tipográfico, las botellas de vino envejecieron dos décadas en un momento. Fue porque en las etiquetas donde debía aparecer XL se imprimió un LX.

Algunos aprovecharon para, cuando ya solo quedaban huesos y pequeños trozos de carne, coger algunos restos «para el perro».

Control

Poco a poco, los coches fueron retomando el camino para regresar a sus hogares. Fue ahí cuando se encontraron con un control de alcoholemia de la Guardia Civil encargado de supervisar que todos volvieran con los cinco sentidos al volante y que no cogieran el coche después de haber bebido. A buen seguro, más de uno de los que pasaban se encomendó entonces a la cercana Virgen de los Milagros de Amil.

Uno de los inconvenientes que tiene la cita es que muchos vecinos colocan obstáculos en la vía pública para que la gente no aparque. Más de un asistente se encontró, como viene siendo habitual, que muchos espacios de estacionamiento estaban ocupados por cajas, maderas... a modo de espacio reservado. Y ojo con intentar moverlos, más de uno salió escaldado bajo la amenaza de daños en su coche.