Cristina es bióloga y entre enero y mayo pasados estuvo trabajando en lo que es su sueño laboral: «¡Al aire libre y con animales! En el centro de recuperación de fauna salvaje de Lisboa». De cualquier modo, el programa está tan bien diseñado que, si al joven no le gusta el destino, tiene tres semanas para solicitar otro.
A Cristina, en cambio, le encantó, en parte por lo bien organizado que estaba todo. Ella llegó a la capital lusa en autobús y siempre se sintió muy cómoda: «Te sientes muy arropado. Todo está organizado y están muy pendientes de ti. Estoy muy contenta porque las prácticas además me gustaron mucho». Al día siguiente de llegar estuvo yendo tres semanas a una academia para aprender algo más de portugués, aunque recalca que, «para nosotros, los gallegos, es algo muy fácil».
En cuanto al importe que incluye la beca, en su caso era de 200 euros al mes: «es un dinero que no te da para vivir, pero es una ayuda», sobre todo porque el transporte por la ciudad lo tenía gratis, así como el piso. Hubo quien tuvo más suerte que Cristina y se quedó a trabajar en el centro. Ella, por su parte, está buscando otro trabajo para el verano.