Jubilado allí donde todo empezó

SOCIEDAD

Cumplidos los 65, Alfonso Mascuñana ha cambiado los institutos gallegos por centros educativos en Honduras, país al que aterrizó como cooperante en 1983

10 abr 2009 . Actualizado a las 22:05 h.

Cuando era apenas un chaval, en los convulsos setenta, a oídos de Alfonso llegó la historia del Callejón de Huaylas, en Perú, un desastre natural que dejó cientos de muertos y pueblos sepultados. Sintió que tenía que echar una mano. Estudiante entonces de Filosofía en Madrid, decidió pasar cuatro meses al año en aquel país participando en tareas de construcción y promoción de escuelas en barrios de Lima. Lo hizo con una organización, Fe y Alegría, con la que ahora, casi 40 años después ha vuelto a la cooperación más activa. Una casualidad, dice.

«¿Qué me motiva? Bonita cuestión. Dende o meu punto de vista, creo que é un privilexio compartir experiencias cos países do Sur, eles nos ensinan, dende o seu empobrecemento e explotación, o tesón de sobrevivir, de organizarse, de mellorar e de apoiarse máis nas relación entre persoas, entre outras cousas», explica. Esas ideas son las que le impulsaron a permanecer cuatro años en Centroamérica, entre 1983 y 1987. Lo primero fue Honduras, el mismo país al que ahora acaba de regresar. «Traballaba cunha organización que se dedicaba ao traballo comunitario e á promoción social, e tamén estaba con comités de familiares de desaparecidos». Eran tiempos, recuerda, en los que aquel país «era coma un portaavión dos Estados Unidos, que promocionaba e armaba a contrarrevolución na Nicaragua sandinista».

El activismo fue una de las señas de Alfonso durante esos años. El siguiente destino fue, precisamente, Nicaragua. Allí permaneció 24 meses apoyando a la población desplazada por el conflicto armado, con una organización de educación popular.

«Recibes máis que dás»

«Cando estás nestes destinos tes que estar cun espírito de colaboración, de aprendizaxe, e ter capacidade de soportar incomodidades, e ao final valoras as cousas fundamentais e faste máis lúcido ao respecto do inxusto e absurdo mundo que nos imos montando», reflexiona desde Honduras, destino en el que permanecerá hasta este mes. Llegó allí hace cuatro meses, el tiempo que «solidariamente vimos na familia que podía faltar».

Fe y Alegría, una organización de corte cristiano, con un buen número de miembros repartidos por 16 países de toda América, le sugirió ese destino, tras valorar varias opciones. «Ao xubilarme establecín contactos co xente de Centroamérica ofrecéndome como voluntario», explica. Y ahí está. Otros ven en la jubilación un conjunto de incógnitas, Alfonso entendió que aquella era una oportunidad para volver a la cooperación.

Colabora ahora en dos programas diferentes de Fe y Alegría. Uno trata de evaluar el tipo de educación que se dispensa en varios centros, evaluando a 400 chavales, realizando cuestionarios, preparando conclusiones... «Non completarei todo iso aquí e terei que levarme traballo á casa», apunta. La otra tarea pasa por la formación de capacitadores, es decir, voluntarios que actúan como educadores de adultos en zonas rurales a través de un programa que lleva a cabo el Ministerio de Educación hondureño. «Aquí recibes moito máis do que das», finaliza.