Los lefebvrianos italianos anunciaron ayer la expulsión del sacerdote Floriano Abrahamowicz, responsable de la sección del noreste del país, que calificó el Concilio Vaticano II como una «herejía y una cloaca» y se unió a las tesis negacionistas del Holocausto. De acuerdo con la nota de los tradicionalistas, Abrahamowicz «expresaba desde hacía tiempo posiciones diferentes a las oficiales» de la Fraternidad de San Pío X, fundada por el fallecido arzobispo cismático Marcel Lefebvre y a la que pertenecen los cuatro obispos ordenados por él en 1988 a quienes el Papa ha levantado la excomunión.
El pasado 29 de enero, Abrahamowicz relanzó la tesis revisionista sobre el Holocausto hecha por el obispo Richard Williamson, al afirmar que la «única cosa segura sobre las cámaras de gas es que se usaron para desinfectar».
«La expulsión, aunque dolorosa, ha sido necesaria para evitar que sea una vez más distorsionada la imagen de la Fraternidad de San Pío X y, por consecuencia, dañada su obra al servicio de la Iglesia», precisan en una nota los lefebvrianos.
El presidente de la conferencia episcopal germana, el arzobispo Robert Zollitsch, y la presidenta del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Charlotte Knobloch, se reunirán para tratar sobre la polémica. El vicepresidente del consejo judío, Dieter Graumann, afirmó que la Iglesia católica debe elegir entre la admisión en sus filas de los lefebvrianos y la reconciliación con los judíos. Graumann subrayó que ambas cosas son «incompatibles», ya que la Fraternidad de San Pío «es fundamentalista, antisemita y fomenta el odio religioso y social contra los judíos, musulmanes y homosexuales».
El portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, admitió ayer que, «sin duda, las personas que han gestionado este caso no tenían consciencia de la gravedad de las afirmaciones de monseñor Williamson». Lombardi dio incluso nombres. «Las negociaciones se llevaron con monseñor Fellay -superior de la orden-, pero las opiniones de los otros obispos no se han tomado suficientemente en consideración. Lo que es seguro es que el Papa las ignoraba, Si hay una persona que debía conocerlas es el cardenal Castrillón Hoyos», explicó.
El nivel de popularidad de Benedicto XVI ha registrado una fuerte caída en Alemania, su tierra natal, según una encuesta del instituto demoscópico Infratest difundida ayer. Mientras hace cuatro años un 68% de los alemanes se mostraban satisfechos o sumamente satisfechos con Ratzinger como Papa, hoy el Pontífice solo alcanza un 42% de aceptación.