Llevaba ocho años sin salir de casa y en el traslado fue necesaria la intervención de los bomberos
14 ene 2009 . Actualizado a las 12:27 h.Carmen Montoya, una coruñesa de 28 años, está ingresada en el Hospital A Coruña desde el pasado 5 de enero, aquejada de una infección respiratoria que la tuvo tres días en la uci. Pero el origen de su enfermedad está en la obesidad mórbida que sufre desde hace diez años, lo que le ha provocado que los ocho últimos se los pasase sin salir a la calle y postrada en una cama. Carmen Montoya pesa doscientos kilos y, en el hospital coruñés, trabajan para curarle la infección. Aún no ha llegado el turno para los endocrinos, pero la familia Montoya ya ha oído de boca de la doctora que la trata que el verdadero problema de Carmen tiene solución a través de una reducción de estómago. No obstante, para ello deberá bajar entre sesenta y setenta kilos antes de afrontar el quirófano.
«Será un régimen un tanto agresivo -explicó el padre de Carmen, Diego Montoya-, comidas a base de frutas y pescado, pero llegado el momento seremos mi hija y yo quienes decidamos operarse o no».
El hospital ha revitalizado el ánimo de Carmen, que no quiere volver a su estrecho piso del coruñés barrio del Castrillón. «Sabía del verano y del invierno por el calor y el frío, pero sin salir, nada de nada».
El traslado al centro hospitalario fue una odisea. Los bomberos emplearon casi hora y media en la operación. Tuvieron que retirar el marco interior de la puerta del portal, colocaron las camillas a modo de rampa en las escaleras -vive en un primer piso- y nueve personas se coordinaron para descenderla de la cama, su único hábitat en los últimos ocho años. «Ni siquiera puede ir al baño», dice su tía, la encargada de su cuidado y aseo desde la muerte de la madre hace diez años. Precisamente la ausencia materna derivó en una depresión que le originó la obesidad mórbida desde los veinte años. Llegó al hospital en la furgoneta de Protección Civil porque ninguna ambulancia está preparada para personas de doscientos kilos.
Cada pocas horas, un equipo de siete enfermeros entra en la habitación del hospital para cambiarla de postura. «Todos me tratan muy bien, me hablan mucho cuando están conmigo, aquí se está mejor que en casa», señala Carmen.
Poco después, uno de sus cuatro hermanos decide apagar la tele de la habitación. Otra hermana se lo recrimina. «Es que era un programa de cocina y estaban haciendo un cocido, tampoco es cuestión de provocar», se explica. Y Carmen se ríe. No hay tabúes en sus 200 kilos.