Pasaron 76 años... y se hizo la luz

SOCIEDAD

Las placas solares instaladas por la Consellería de Innovación han sacado de las tinieblas a Manuel Chao, un jubilado de Ourol que ha pasado la vida a oscuras

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Manuel Chao ya no tiene que desplazarse hasta Penabade, el lugar donde viven sus vecinos -«que son moi amigos meus», recalca-, para ver la televisión. Desde hace apenas diez días, el aparato que yacía sobre la mesa de la cocina funciona, «e vese bastante ben», comenta orgulloso. Tan bien que relata, con precisión, el accidente que se cobró la vida de un trabajador del Concello de O Vicedo. «Seica o levaron para o hospital de Burela, sería para facerlle a autopsia», cuenta.

Transcurrieron más de dos años desde que los técnicos de la Consellería de Innovación e Industria visitaron, por primera vez, la casa de este jubilado, de 76 años, para estudiar la posible colocación de placas solares. Pese a que el tendido sobrevuela la finca donde se erige la vivienda de Manuel, que ya arrendaron sus padres y por la que paga nueve euros al mes, la electricidad se le ha resistido hasta ahora. Hace poco más de una semana llegaron las placas.

La única bombilla del hogar de Manuel es de bajo consumo y tarda en cobrar intensidad. Pero a él no le molesta. Tras una vida entera moviéndose a tientas, de la cuadra a la lareira y de ahí al cuarto, en el piso de arriba, se ha hecho amigo de la oscuridad. Ahora piensa en comprar «unha nevera pequena». Y confiesa que le gustaría disponer de teléfono fijo. «Cos móviles non me dou entendido. Miña sobriña xa me trouxo dous... e nada. Home, se me puxera seguro que aprendía, pero...», apunta.

Hace buen tiempo y Manuel espera la llegada del panadero, «que vén cada segundo día», pero no para comprar el pan, sino para visitar a sus amigos de Penabade, con quienes comparte negocios -«temos gando no monte», explica-. El bulto que le salió en la cara hace algún tiempo ha desaparecido, después de varias visitas al Hospital da Costa. «Pero un non anda moi ben de saúde, estou desfeito da columna», lamenta.

Este anciano, que presume de haberse apuntado voluntariamente al pago del seguro agrario, ha dedicado su vida al campo, con un lapso de un año, contratado por Dragados para las obras de la carretera de A Gañidoira a Viveiro. Apenas necesita nada para vivir. Añora las comidas de su hermana, que falleció hace quince años, el tiempo que él lleva solo. No echa en falta un aseo y sus otros amigos son dos yeguas y un potrillo, con quienes comparte techo y que lo persiguen por el prado.