Serenísimos o no tanto

SOCIEDAD

Glamur y desenfreno coinciden en el día grande de la Festa do Albariño

04 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

En la Festa do Albariño hay, básicamente, dos tipos de personas: los serenísimos y los pasadísimos. Los primeros utilizan capa a pleno sol porque así lo determinan las serenísimas órdenes, cofradías y hermandades que distinguen a sus miembros, en pleno agosto, con semejante prenda de abrigo. Los otros, los nada serenísimos, tienen el termostato mejor programado, ingieren grandes cantidades de cualquier líquido que tenga más grados que el agua de la traída y se identifican con sesudas declaraciones de principios en sus camisetas: «Apadriña un amigo, invítao a un albariño»; «Non te olvides o sintrón para despois do caghallón»; o aquella otra que reza: «Que ben o pasei, canto ghomitei», pura poesía.

Son casi las doce de la mañana y Cambados amanece con resaca. Las calles huelen a excesos, los gaiteiros Os Xirifeiros ofrecen sus pasacalles y la botella de Pionero Mundi se vende a siete euros, la copa a 1,5.

El público le huye al sol en los alrededores del Ayuntamiento, que tiene unas palmeras que, vaya por Dios, solo le dan sombra a la carretera. «Yo vengo al marujeo», dice una señora de Madrid que espera ansiosa a Mariano Rajoy.

-Que no, que no viene, que vino al marujeo del jueves.

-Pues a mí me dijeron que sí, voy a esperar.

-Que no, que vienen Fraga, Ana Pastor y, así, con más glamur, Juncal Rivero.

-¡Pues yo aún confío en que venga Rajoy!

Si nos hubiéramos apostado una botella de Pionero Mundi, la señora habría perdido.

A mediodía, Lorenzo castiga a los de Cambados con sus rayos ultravioleta. Hoy se van a destilar aquí grandes cantidades de caldos del país. Lástima que para usar los urinarios haya que remangarse hasta las rodillas, como quien vende sardinas desde Santurce a Bilbao.

Urinario y glamur son dos palabras que no deberían ir en la misma crónica, perdón, así que nos vamos a centrar en el desfile y en todo lo que ocurre después de la una, todo serenísimo.

Ana Pastor, que esquiva a la edad, se quita el sofoco con un abanico rojo. Juncal Rivero, monísima y altísima, viste de blanco. La escolta el presidente de la Diputación de Pontevedra, Rafael Louzán que, a su lado -y entiéndase con cariño- parece que va detenido. A su alrededor, medio centenar escaso de caras más o menos conocidas, todos con sus capas y con sus cosas.

Arranca el pasacalles con los sones de la Banda de Verea, que es un concello que está en la provincia de Ourense. Empiezan a desfilar hermandades y cofradías. Los de la Serenísima Orden quedan para el final. ¡Ahí va la Cofradía del Colesterol! Se llaman así, palabra, llegan de Asturias con sus capas rojas y lo único que no queda claro es si están a favor o en contra del colesterol.

Manuel Fraga es el gran maestre de la Serenísima Orden del Albariño, pero él no desfila, aguarda sentado en el patio del pazo de Fefiñáns. Hoy tiene el día bueno, sonríe y suelta una perla para la historia: «Teño 85 anos e empezan a notarse, sobre todo na perna esquerda».

En el patio de armas preside Fraga la entrega de galardones a personas que han destacado por su defensa de los valores de la cultura del país. Y se procede a tomar juramento a los serenísimos nuevos cofrades. Fraga recita una jaculatoria que repite cada uno antes de ser ordenado: «¿Xuras defender sempre o albariño e telo como lexítimo señor de todos os viños do mundo cristián?» ¡A ver quién se atreve a decirle que no! La escena se completa con el maestro de ceremonias tocándole los hombros a los cofrades con una rama de vid. Después, a comer. Fue el día grande de una fiesta inmensa.