Boris fue pregonero en la ciudad en que vivió «joven e indocumentado»

Se mostró «contento y feliz» de abrir los festejos del lugar en el que conoció al que hoy es su marido


El polifacético y mediático personaje que es el hispanovenezolano Boris Izaguirre fue ayer un hombre nostálgicamente feliz pregonando a la luna compostelana, y a los miles de personas que acudieron para verle en el Obradoiro, su amor por esta ciudad en la que fue «joven e indocumentado» hace 16 años pero conoció al hombre que hoy es su marido.

A nueve horas de su proclama festiva compareció Boris en el Pazo de Raxoi ante los periodistas con su alocución de tres páginas, preocupadísimo a su manera por lo larga que era y dudando aún de si eliminar algunas cosas. Dieciseis años menos joven y más relajado en su tono de expresar que cuando vivía Compostela, pero bien documentado en papeles y liposucionado en talla, un tanto embutida bajo chaleco y vaquero, el showman y escritor se mostró «contento y feliz» por haber sido invitado a pregonar en esta que fue su ciudad.

Porque hay tres cosas que no son muy del agrado de Boris: «que te digan que sales más gorda en la televisión, que sales más joven y que te llamen a dar pregones en sitios en los que nunca has estado y a los que nunca volverás». No es ese el caso de Santiago, por lo que en pocos días Izaguirre pasó de correr en ropa deportiva por la Gran Manzana a pregonar el Apóstol. Y es que el animal de frivolidades que firmaba crónicas rosa en Venezuela se fue a escribir su próxima novela, esta vez «con trasfondo histórico muy importante», a la Biblioteca Pública de Nueva York. Un Boris escritor que, confiesa, tiene que escribir más sobre España y abandonar Latinoamérica aunque ésta es realmente la que conoce.

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