Aznalcóllar regresa al primer plano. Pero en lo que debería ser un aniversario para instar a que nunca más se repita, los focos han desviado parte de la atención sobre la verdadera reflexión para posarse sobre lo accesorio en un esperpéntico juego infantil de y tú más . ¿Cuál fue la mayor catástrofe ambiental de la historia de España, la de Aznalcóllar o la del Prestige ? La pregunta no tocaba, pero quizás en un inútil intento de magnificar la desgracia hubo quien se apresuró a contestarla para salir en la foto. «Aznalcóllar fue cien veces e incluso hasta mil veces peor que el Prestige », se oyó estos días, incluso por parte de algún científico frágil de memoria.
¿Qué criterios objetivos se utilizan para asegurar que una tragedia fue mayor que otra? Cierto, en Doñana se derramaron seis millones de metros cúbicos de aguas ácidas con metales pesados que contaminaron 63 kilómetros de cauce fluvial y 4.634 hectáreas de terrenos. El Prestige solo vertió 63.000 toneladas de fuel. Pero la marea negra llegó a tocar 2.600 kilómetros de costa, incluida Francia, la mancha en el mar se extendió por un millón de kilómetros cuadrados, el doble de la superficie de España; en tierra se retiraron 180.000 toneladas de residuos y 75.000 en el mar; la limpieza de la costa movilizó a 150.000 personas y las pérdidas económicas de 950 millones de euros triplican las de Doñana. ¿No interesan estos criterios? Pero la comparación es un disparate porque, de partida, ni un suceso ni otro tienen nada que ver. Lo único que debería unirlos es el esfuerzo para que no vuelvan a ocurrir. Y esto aún no está demasiado claro. Más bien poco.