¿Son necesarias las narcosalas?

SOCIEDAD

Aunque la Xunta las contempla como una posibilidad, el cambio de hábitos de consumo provoca que su instalación no esté prevista a corto plazo

21 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Nuestro primer interés tiene que ser siempre garantizar la supervivencia del enfermo». Bajo ese criterio principal, Indalecio Carrera, jefe de investigación y asistencia de la Subdirección Xeral de Drogodependencias de la Xunta, argumenta sobre el modelo elegido por Galicia para atender al colectivo de toxicómanos más alejado de los sistemas de cobertura social. Carrera formó parte del equipo que recorrió media España para conocer cómo afrontaban este problema en otras comunidades autónomas y encontrar un modelo adecuado para la realidad gallega.

Las experiencias son diversas y van desde el programa andaluz, que suministra heroína a algunos toxicómanos, al catalán, donde en diferentes puntos funcionan unas unidades móviles para atender a los adictos. «Nosotros hemos optado por un modelo en el que prima la atención hacia servicios básicos, como la higiene o las curas a los que están enfermos en lo que llamamos centros de encuentro y acogida (CEA)». Estos centros estarían en condiciones de atender necesidades primarias como la alimentación o la higiene de los toxicómanos, «con la vocación de incluir alguna cama para que algún usuario pueda dormir».

Los dos primeros se abrirán este año en Vigo y A Coruña, pero en ellos no habrá salas de venopunción asistida, una de las fórmulas para denominar a las narcosalas: «No las descartamos a medio plazo, pero queremos estudiar cómo evoluciona la demanda y cómo dar una prestación sanitaria en equidad», explica Carrera.

Con este argumento, el técnico de la Xunta está introduciendo varios elementos. En primer lugar el cambio de costumbres entre los heroinómanos, que en un alto número han dejado de consumirla por vía intravenosa para fumarla. Por otro lado, la posibilidad de que los dos centros de adquisición de heroína en pequeñas cantidades más importantes de Galicia, Penamoa y O Vao, vayan a cambiar de ubicación a medio plazo: «Y la característica fundamental para una instalación de estas características es que esté muy cerca de los centros de distribución. De otra manera, no funcionan», apunta Carrera.

El resultado del proyecto andaluz, en el que se distribuye heroína a los toxicómanos, ha acabado como una experiencia con un coste extraordinario que únicamente da servicio a poco más de dos decenas de toxicómanos, quienes, a su vez, no pueden vivir alejados del centro, al que van a recibir heroína tres veces al día.

Romper barreras

«Cuando no se cuestiona el consumo y se respeta la libertad de elección, se rompen barreras muy importantes», señala César Pereiro, otro de los técnicos que contribuyeron a la elaboración del informe que debe perfilar el modelo gallego. En realidad, tanto los CEA, cuya implantación se plantea este año, como las salas de consumo asistido, pretenden convertirse en un puente que acerque a los consumidores de drogas a otras unidades de tratamiento. «En ese sentido -explica Indalecio Carrera- las experiencias que se conocen son muy positivas».

La opinión de la policía es, en principio, también favorable a la instalación de estos dispositivos: «La policía no puede estar ni a favor ni en contra -razona el inspector jefe de la Udyco en A Coruña, Félix García-. Si acaso, más bien a favor. Hay que tener en cuenta que el consumo de heroína es un fenómeno que no va a desaparecer y probablemente su instalación no va a favorecer un incremento del consumo. Otra cosa es cómo se lo tome la gente que viva cerca de una de esas narcosalas», concluye el inspector jefe.