El padre del caos y el efecto mariposa

Vicente Pérez Muñuzuri

SOCIEDAD

18 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El moderno estudio del caos empezó en los años sesenta, al descubrir Edward Lorenz (meteorólogo del MIT) que pequeñas variaciones en las condiciones iniciales de un sistema de ecuaciones matemáticas relativamente simples podían transformarse en enormes diferencias al poco tiempo. En el tiempo atmosférico, esto se traduce en lo que se conoce, medio en broma, medio en serio, por efecto mariposa. Es decir, si una mariposa agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín, puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene. En otras palabras, la imposibilidad de conocer con precisión todas las variables meteorológicas en un momento dado impide realizar una predicción exacta en el futuro, y cuanto más lejos se intente predecir, más incertidumbre se añade.

Curiosamente, aun siendo Ed Lorenz meteorólogo, este descubrimiento no fue aprovechado por la meteorología hasta muy recientemente, pero sí dio lugar a un gran desarrollo de la física del caos desde los años setenta. Rápidamente se descubrieron los mecanismos que llevan a un sistema a bifurcar al caos, la posibilidad de encontrar patrones regulares en sistemas caóticos, o incluso cómo la sincronización de varios sistemas caóticos permite encriptar señales. En meteorología, el efecto mariposa ha permitido desarrollar los modelos de predicción por conjuntos que hoy nos permiten realizar predicciones a medio plazo en términos probabilísticos, o asignar un nivel de incertidumbre a las predicciones de cambio climático.

Hoy en día, las implicaciones de la teoría del caos iniciada por Lorenz se vislumbran en casi todas las ciencias del saber y han permitido formar equipos interdisciplinares que investigan fenómenos similares que ocurren en biología, física, o incluso en los mercados financieros. Abrió una puerta a un mundo donde palabras como fractal, caos, bifurcación o atractores extraños son cada vez más familiares para los científicos y la sociedad.