Diez años después del nacimiento del MP3, los nuevos reproductores musicales apuestan por la portabilidad y el aprovechamiento de las redes inalámbricas
05 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.En 1998, hace ahora un decenio, una compañía estadounidense llamada Eiger Labs empezó a vender el primer reproductor MP3 de la historia. El aparato, diseñado por una empresa coreana (SaeHan Information Systems), costaba 250 dólares, tenía solo 32 megas de capacidad -suficiente para unas ocho o diez canciones- y una pantalla LCD del tamaño de una uña.
El MpMan F10, bautizado así para seguir la estela del legendario Walkman de Sony, pasó sin pena ni gloria, pero marcó el camino a seguir. La firma Río lanzó poco después otro reproductor MP3, el PMP300, con una pantalla más grande y una ranura para tarjetas SmartMedia, lo que permitía ampliar la capacidad de almacenamiento. Tuvo más éxito, en parte porque su antecesor tuvo que hacer frente a una batalla legal con la Asociación de la Industria Discográfica de América, que intentó detener la venta del reproductor.
El antes y después en la historia del MP3 -y probablemente de la informática aplicada al entretenimiento- lo marcó, sin embargo, la conferencia de Steve Jobs del 23 de octubre del 2001. El patrón de Apple presentó el primer iPod, cuyos 5 GB permitían llevar en el bolsillo una discografía completa con cientos de canciones, en un gadget del tamaño de una baraja y con un diseño insuperable. Diez años después, la mayoría de los fabricantes (incluidos rivales como Creative) se pelean por diseñar accesorios para el reproductor MP3 por antonomasia.