Llegaron para quedarse y, como visitas indeseables, no se van nunca. Del cangrejo americano a las mimosas, varias especies foráneas están echando a las del país
09 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Existe un consenso internacional en calificar a la introducción de especies foráneas o alóctonas como el segundo problema más importante en magnitud que afecta globalmente a la biosfera en lo que tiene que ver con la desaparición de especies. Así que, por ejemplo, los alegres penachos de la hierba de la Pampa o la excitante picada de la trucha arco iris no son más que agentes que, a estas alturas, ya han causado daños irreparables a los ecosistemas gallegos.
La mayor parte de estas especies invasoras llegaron a Galicia desde América y, como el visón, demostraron una enorme capacidad de aclimatación al nuevo hábitat, y desplazaron a sus competidores naturales hacia otros espacios o, simplemente, haciéndolos desaparecer. No se trata de un fenómeno nuevo, aunque sí lo es la preocupación por sus consecuencias.
Efectos demoledores
En Galicia, la introducción de especies invasoras ha tenido efectos demoledores. La primera, el eucalipto, que ha transformado la configuración forestal de Galicia. O la Acacia dealbata, más conocida como mimosa, que ha pintado de amarillo la verde primavera del país. La lista de especies alóctonas invasoras es larga y, en ocasiones, sorprendente. Pero su incidencia real todavía está por determinar. Los países que más han avanzado en el análisis de esa problemática hacen cálculos multimillonarios sobre los efectos de estos okupas, que inciden en la agricultura, la pesca, el sector forestal o la sanidad.
En algunos casos se producen situaciones tan curiosas como que la extensión de colonias de visón americano esté favoreciendo la lucha contra su paisano, el cangrejo rojo, cuya expansión por las cuencas fluviales del país ha constituido un holocausto para el cangrejo del país.
Las mascotas exóticas están consiguiendo también imágenes sorprendentes, como la de tortugas de Florida que han multiplicado su tamaño por diez tras décadas de andanzas por las cuencas gallegas alimentándose de alevines de truchas o la presencia de familias de cotorras de Kramer nidificando en el entorno de Corrubedo. En algunos casos, la Xunta inició acciones para erradicar estas presencias indeseables. Sin embargo, cuando la Administración decide actuar contra ellas, lo normal es que se trate ya de una misión imposible y únicamente pueda abordarse el control de sus poblaciones.