La Xunta ultima el código de edificación autonómico y en él no aparece de forma específica ninguna medida para eliminar el riesgo de contaminación por radón, a pesar de ser Galicia la zona española con mayor peligro y de que todos los estudios vinculan este gas natural del granito con el cáncer de pulmón.
Aunque no se ha publicado el texto del código -llamado Norma do hábitat galego-, según Vivenda hay un par de artículos que hacen referencia a los gases contaminantes y a la necesidad de potenciar la ventilación de la construcción para eliminar cualquier riesgo.
La ventilación, insuficiente
No se trata de una alusión concreta al radón, aunque sí recoge una medida menor para su control: la ventilación de las viviendas (para eliminar un 20% del radón hay que tener abiertas las ventanas dos horas cada día). Lo realmente importante es aislar de forma conveniente el suelo del edificio para evitar exponerse a un gas que se convierte en partículas sólidas que entran en el pulmón -de ahí que provoque un 10% de los cánceres de este órgano-.
Descoordinación en la Xunta
Aunque no todas las zonas gallegas son igual de peligrosas en emisión de radón -solo afecta a las vetas de uranio que hay en el granito, la arcilla y la pizarra-, las mediciones realizadas hasta ahora indican que Galicia es un lugar potencialmente peligroso, con tasas de hasta 800 becquerels por metro cúbico de aire, cuando el Consejo de Seguridad Nuclear considera que a partir de 200 se superan los índices recomendados (por cada cien becquerels de más aumenta un 16% el riesgo de padecer cáncer de pulmón).
El director xeral de Saúde Pública, Xurxo Hervada -único responsable político que, según el profesor Barros Dios, ha entendido la gravedad del problema y ha colaborado en la medida de sus posibilidades-, reconoce que hay cierta descoordinación en las prioridades de los diferentes departamentos de la Administración. Se trata de un eufemismo para explicar que las cinco consellerías implicadas en este asunto -Medio Ambiente, Vivenda, Educación, Sanidade y Traballo- son incapaces de impulsar una política conjunta de prevención y control de la contaminación por radón.
Esta se controla con un aparato de pequeñas dimensiones que hay que dejar durante unos meses en casa. El sistema recoge las partículas y las plasma en una película. Una vez en el laboratorio, se revela la cinta como si fuese una cámara fotográfica y se mide el resultado.
En función de los becquerels que se registren se puede decir que hay riesgo de contaminación por radón. La media española es de 40 becquerels por metro cúbico, un nivel muy bajo, pero en Galicia es fácil superar los 148 que se establecen como máximo en Estados Unidos o los 200 que marcan las autoridades europeas.