Un niño de 10 años ha vuelto con su madre después de que una sentencia de divorcio obligase al menor, pese a sus negativas, a vivir con su progenitor
22 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.?arisol Castro Taibo está desesperada. Esta vecina de Coristanco firmó a finales de junio del pasado año su sentencia de divorcio. El matrimonio, celebrado en agosto de 1996, no iba bien y el acuerdo, hasta cierto punto «fue un alivio». Pero sólo en parte, porque de esa boda, además de malos recuerdos, quedó un niño de diez años que, como ocurre casi siempre en estos casos, está sufriendo todas las consecuencias de la separación. La responsable del Juzgado de primera instancia e instrucción de Carballo decidió que el pequeño debía quedarse con su padre porque, argumentó, «no muestra ninguna vinculación preferente por ninguno de los dos progenitores», algo que, decía, «es indicativo de una vinculación muy fuerte con su padre, con el que no convive desde hace más de un año». Consideraba que el padre era «más idóneo» para ejercer la guarda y custodia del pequeño porque «presenta mayor estabilidad psíquica, más disponibilidad temporal, mayor estabilidad afectiva, mayor estabilidad social, mayor conocimiento de su hijo, buena vinculación y no induce al menor a conflictos de lealtad». Además, la sentencia establecía que el domicilio conyugal debía quedar también en manos del padre y su hijo. Sin embargo, el niño no quiere estar con su padre. Y así lo demostró el pasado 18 de enero, cuando se hizo efectiva la sentencia, y Marisol tuvo que entregar al niño y las llaves de su casa. Ese día, el niño demostró que no estaba de acuerdo con la sentencia. Se subió a una barbacoa y se negó a moverse pese a la insistencia de los funcionarios del juzgado. «Desde entonces todo ha sido un calvario, el niño se ha escapado varias veces y no quiere estar con mi ex marido, está aterrorizado», asegura Marisol al borde del llanto. La jueza, a la vista de la actitud del pequeño, decidió, hace unas semanas, que regresase con su madre, pero el río no ha vuelto a su cauce. «Estamos viviendo de prestado en casa de mis padres, porque mi ex sigue en la casa y no nos deja entrar ni a recoger nuestra ropa», se queja Castro Taibo, quien asegura que el pequeño «está fatal». Lleva, dice, varios días sin dormir «y tiene miedo a que su padre le envíe a la Guardia Civil, porque ya le ha amenazado con eso en varias ocasiones».