El modisto gibraltareño John Galliano dejó ayer a su público de Christian Dior emocionado ante tanta belleza, con su alta costura de marcada inspiración japonesa, presentada en la primera jornada de colecciones para la próxima temporada estival. «Glorioso», «el mejor desfile que nunca vi», «fantástico», «sublime»... Los adjetivos no faltaban al término del desfile para intentar describir la obra del diseñador. Galliano para Dior es algo siempre memorable, pero ayer fue más allá y elevó el listón de la ya inaccesible couture francesa. Se apoyó para ello en su talento, en la sabiduría Dior preexistente y en Japón. Una de sus figuras legendarias, Madame Butterfly, la joven geisha Cio-Cio-San, que en la ópera de Giacomo Puccini cree casarse con el teniente de la marina estadounidense Benjamin Franklin Pinkerton, le inspiró de manera especial. El resultado fue una serie de 45 delicados modelos-joya, entre ellos algunos trajes de chaqueta, pero sobre todo vestidos, siempre de noche, para galas, cócteles y ocasiones muy especiales, bordados, adornados con picos, a menudo asimétricos, en colores degradados, de paletas similares o contrapuestas. El origami, arte milenario japonés de plegado de papel, impregnó cada una de estas obras, que mostraban sus voluminosos y puntiagudos picos con sorprendente elegancia. El vestido de novia final, bautizado, precisamente, Ciao-Ci-San, en gazar blanco roto bordado, fue un excelente ejemplo de esta sabiduría Dior, actualizada.