La guardia suiza está enfadada. Así lo afirma el periódico inglés The Independent que alude a «fuentes bien informadas» en el Vaticano para hacerse eco del malestar de los poco más de cien soldados del Papa. La causa sería la severidad de su comandante, el coronel Elmar Theodore Mader, quien se habría mostrado «excesivamente» rígido en la aplicación del reglamento en Navidad. La gota que ha colmado el vaso ha sido «la prohibición de los cotillones de Nochevieja que siempre se han celebrado en las terrazas del cuartel». Los alabarderos, el rango más bajo, son los más descontentos porque «el reglamento que prohíbe entrar en el cuartel después de medianoche habría sido aplicado rígidamente en estas fiestas, mientras el propio coronel Mader pasa muchas noches fuera del Vaticano». Otro de los sucesos que ha molestado fue el secuestro de veinte botellas de vino que le habían sido enviadas a un guardia desde su Suiza natal. El soldado denuncia que cuando volvió a su alojamiento quedaban cinco botellas. «Las otras me las quitaron por orden del comandante», explicó. El artículo no ha gustado nada en el Vaticano. El coronel Mader, indignado, lo ha desmentido todo y ha amenazado con una querella. «Ninguna disposición especial ha sido dada en Fin de Año, sólo se ha prolongado el horario de entrada en el cuartel», aseguró y añadió: «Además, no hay ninguna terraza en el tejado de la residencia de la guardia». Al menos de esto no hay duda, ya que sólo existe una pequeña terraza privada, correspondiente a la residencia de un suboficial. No es la primera vez que en la guardia suiza hay problemas. El último fue en 1998, cuando el caporal Tornay se suicidó tras asesinar al comandante Estermann y a su mujer. Ahora que se celebra el quinto centenario del cuerpo, lo último que desea el Vaticano es un nuevo escándalo.