El Instituto de la Mujer inicia un nuevo asalto contra el uso sexista del castellano y reedita «Las profesiones de la A a la Z», en el que actualiza el catálogo de términos profesionales
29 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Hace cuatro siglos una perla del acervo literario español, La pícara Justina , incluía sin empacho a una obispa , a una soldada y a otra cerrajera en su trama. Hoy algunos ilustres académicos de la Española se ofuscan si se propone el uso de cancillera . En el siglo XIII ya se hablaba de sastras , y aún hoy hay quien se atraganta con jueza -admitido ya por la Real Academia Española- como alternativa válida a la juez . Son paradojas de los usos lingüísticos, nunca inocentes. Las mujeres de hoy conquistan espacios antes vedados a ellas y necesitan que los gestores del idioma admitan esta realidad y también el diccionario. El Instituto de la Mujer hace una pequeña aportación con la reedición del libro Las profesiones de la A a la Z , obra que recoge cientos de ocupaciones en sus versiones masculina y femenina, lo bendiga o no la RAE. Unas veces ambos términos coinciden ( corresponsal , comparsa , mecenas ), otras no. La lista empieza en abadesa . Hay dependientas , ayudantas jurisconsultas , ortógrafas , tenientas , albañilas y generalas . En algunos términos, cuando el uso es dudoso o móvil, coexisten la forma canónica, el masculino tomado como genérico, con la forma feminizada, la copiloto o copilota , la almirante o almiranta , o la juez o jueza . «Las denominaciones de oficios no son un capricho, ni una moda pasajera», dice la autora, la filóloga Eulàlia Lledó. «El lenguaje no es neutro y el uso sistemático del masculino como genérico no representa a las mujeres», remacha la directora del Instituto de la Mujer, Rosa María Peris. No se trata de imponer otro dogma, para eso ya está la Real Academia -«un muro», dice Peris-, ni de obligar a nadie a decir fiscala si le resulta artificioso. Se trata de ir abriendo surco porque el tiempo acaba por poner las cosas en su sitio. «Hace una década el término presidenta levantaba ampollas y hoy es lo más normal», recuerda la directora del instituto. Otro tanto pasaba con ministra o primera ministra y, al tiempo, Ángela Merkel ha abierto la cuenta atrás para acuñar cancillera como vocablo de uso común. A los puristas las responsables de la iniciativa les recuerdan que las lenguas son patrimonio de los hablantes, que nada hay tan cambiante y adaptable como un idioma.