Bonsáis en busca de museo

Sara Carreira Piñeiro
Sara Carreira REDACCIÓN

SOCIEDAD

La viuda de un coleccionista de espectaculares miniaturas de árboles busca una institución que se haga cargo de más de doscientos ejemplares centenarios

25 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Cosa San Julián tiene una responsabilidad que quiere compartir: una de las colecciones de bonsáis más importantes de Galicia, si no la mejor, con más de doscientos ejemplares centenarios, autóctonos y diseñados por expertos, valorados muchos de ellos en más de seis y nueve mil euros. Pertenecían a su marido, Carlos Barreiro, un especialista muy conocido en toda España fallecido recientemente, y ahora Rosa se encuentra ante la necesidad de garantizar que todo este patrimonio vegetal gallego no se pierda y, es más, que se conserve en un marco adecuado. «La colección puede convertirse en una exposición permanente», asegura Rosa San Julián desde su visión como conocedora del sector. Cree esta recia coruñesa que dar un espacio adecuado a estos árboles que viven en macetas (ésa es la traducción exacta de su nombre) servirá para formar un patrimonio gallego de bonsáis porque esta técnica no tiene ya nacionalidad -¿alguien recuerda qué cultura inició el uso del lienzo en la pintura?- y en ningún modo se puede considerar una tortura para los especímenes -¿sufre una hiedra cuando dirigimos su crecimiento hacia una zona en concreto?-. Tres riegos diarios No lo tiene fácil, y lo sabe, pero no por ello ceja en el empeño, y como de paciencia está sobrada, espera que la tenacidad venza a la ignorancia. Y es que en relación con los bonsáis hay un enorme desconocimiento: «Muchos creen que se tortura a los árboles, y nada más lejos de la realidad; se les mima muchísimo. Ningún árbol dura cien años si se le está haciendo daño». Un ejemplo del esfuerzo que necesitan estas bellísimas miniaturas es que no pueden pasarse una semana sin atención, y en meses como el pasado junio requieren hasta tres riegos diarios. Como seres vivos que son, estas plantas exigen de su cuidador gran comunicación, al ser tan exquisitos, incluso más que las especies de tamaño «estándar». Lo cierto es que quienes tienen bonsáis se convierten enseguida en entusiastas de una técnica que bebe de la botánica y el paisajismo, porque hay que tener alma de artista para moldear estos árboles hasta «llegar al desarrollo pleno», porque «uno les da nuevas proporciones». Es tan importante mantener el equilibrio, que los aficionados eligen cada maceta en función de la especie: «Ésta -señala una Rosa- tiene el mismo color que las hojas del árbol al principio del otoño».