Sin «pay per view»

JUANCHO MARTÍNEZ

SOCIEDAD

22 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LLUEVE a mares y esta cortina de agua que nos baña desde hace unos días apaga temporalmente la charla acerca de que ya no llueve como antes. Ayer se podía ver Galicia vuelta a su ser propio e incluso a su ser mítico. Y en algunos sitios más que en otros, por ejemplo, en Roibeira, un barrio de Betanzos que, sin la monumentalidad de la ciudad alta adonde acuden los turistas, merecería un esfuerzo colectivo para que se conservara como está: las casas pegadas al río, entre ellas un molino, tienen todas la cubierta de teja y con la misma inclinación tradicional, de no más de 30 grados; las chimeneas son también iguales, prismas sin adornos; las carpinterías exteriores, de madera, están a ras de fachada, como mandaban las viejas normas. En las edificaciones de mayor tamaño, las esquinas y los marcos de puertas y ventanas son de cantería; el resto, enlucido en blanco. Una casa pegada a la pendiente salva el vacío sobre enormes pilares de cachotería. Los jardines están abiertos; en ellos, galpones levantados con economía de medios y derroche de ingenio, como hizo siempre la arquitectura popular. El conjunto anima a pararse un rato. Si fuera una película, pagaríamos por verla, pero no es el caso. ¿Durará este rincón armónico, y otros que aún nos quedan a la vuelta de la esquina? Si lo hace, será por el esfuerzo de los propietarios. ¿Seremos capaces de contribuir entre todos, con algún mecanismo fiscal, a que perduren?