Grandes hombres

MEDIO FERRADO | O |


SEGÚN dice Marina Mayoral, los varones de más de cuarenta ya no leemos novelas. No le falta razón. A estas alturas de la edad, uno casi prefiere la ficción oral que se transmite en las tabernas o en los gimnasios (según gustos). Para leer, mejor el ensayo. Y si hay tiempo, como ya se ha superado la manía que inclina a la juventud contra el culto a la personalidad, algún escrito biográfico, por ejemplo, Memorias de ultratumba, de Chateaubriand, o la vida de Disraeli por Maurois, que recomienda el historiador Fernández Santander como la mejor biografía escrita en francés. Hay mucho que aprender de esos grandes hombres.Y luego vienen las comparaciones. La escuela de grandes hombres (y mujeres), en la actualidad, es sobre todo la política. Los gobernantes gestores, los que se enfocan a la eficacia, son más propios de las dictaduras. La democracia trae tentaciones de grandeza a los responsables del poder. Adelantándose a la historia, algunos mandamases nos presentan como fechas históricas las de acciones tan baratas como una rueda de prensa o una declaración institucional. Engañados, piensan pasar a la posteridad por haber construido un pirulí de cien metros o un viaducto con chepa. Hace falta algo más que llegar a gobernarnos; para ser grandes tendrán que conmovernos, ilusionarnos, convencernos y cambiarnos. De momento estamos más bien en una etapa de ir tirando.

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