El lapo mundial

SOCIEDAD

QUÉ tiene el fútbol que hace escupir con esa fruición a los que lo practican? ¿Qué extraña enfermedad que se manifiesta con exceso de salivación ataca a todo aquél que pone un pie en el campo de juego? ¿Existe una explicación científica o es sólo una costumbre tan balompédica como discutir la alineación, celebrar las victorias en las fuentes o corear canciones llenas de contenido como oé, oé, oé, oé? Yo no lo sé, pero intuyo que tiene que ver con el fútbol y no con ningún otro deporte, porque a excepción de la natación y el waterpolo (donde todo el líquido es orégano y en el agua todos los lapos son pardos), no veo a los practicantes de ninguna otra especialidad escupir en la cancha. Y eso que, por ejemplo, los baloncestistas podrían hacerlo sin cortarse un pelo, aprovechando que les pasan la fregona cada dos por tres. Y si lo del escupitajo (que se convierte a veces en asqueroso lapo), es por ayudar a regar el césped o contribuir a abonar la hierba con el ADN, tampoco encaja, porque ¿alguien ha visto arrojar saliva por la boca a los golfistas, incluso cuando la pelota que golpean no cae ni de chiripa en el hoyo? ¿Acaso los jugadores de tenis se permiten arrojar esputos al viento, ya no digo en Roland Garros (que con la tierra batida se formaría una pasta guarrísima), sino en Wimbledon, donde también hay hierba? ¿Y escupen sólo los profesionales? Pues no. Escupen todos. Incluso los niños, que en cuanto aprenden a patear el balón, su siguiente objetivo es escupir con más ganas que el de al lado. Qué asco.