Los que critican a la gente acomodada por aburguesarse tendrán que tragarse sus palabras con los Clooney . Ayer, padre e hijo (es decir Nick el periodista y George el director, actor y productor de Hollywood) se convirtieron en activistas para animar una masiva manifestación solidaria en Washington. La imagen que les traigo lo dice todo, con nuestro amadísimo George mirando con arrobo a su progenitor, a quien reconoce admirar profundamente. Somos muchos (casi mejor decir muchas) a los que nos agrada que George sienta ese amor por Nick, porque parece algo muy sano que una persona que convierte en oro todo lo que toca, que vive en el centro de un mundo tan superficial como el del cine, siga sintiendo ese respeto por su padre, un periodista luchador e incorruptible. Además, eso elimina el riesgo de dependencia enfermiza hacia la madre, un mal del que suelen padecer y mucho los solteros que pasan de los treinta. Los Clooney, que casi no se lo cuento, estuvieron recientemente en Darfur, en Sudán, viendo las consecuencias del genocidio en manos de la milicia árabe que le ha costado la vida a unas 200.000 personas (que es como decir casi toda A Coruña). Ahora, llevan su experiencia a Washington para que la administración Bush espabile y acuda a aliviar la situación. La que puede estar más aliviada es la actriz (¿?) Anna Nicole Smith, conocida mundialmente como la stripper de 26 años que se casó con un magnate petrolero de Tejas de 89 años, Howard Marshall. El ricachón se murió antes del segundo aniversario de boda y desde entonces Anna reclama su parte de la herencia allí donde puede. De los mil millones de dólares que dejó Marshall al morir, Anna cree que le corresponden 474 millones, pero no piensa así el hijo pequeño del difunto (y cuando digo pequeño no quiero decir joven, porque Pierce Marshall, que así se llama el hijo en cuestión, tiene 67 años). El último capítulo del culebrón es que ayer el Tribunal Supremo (no confundir con el sistema español, ya que en Estados Unidos el Supremo es nuestro Constitucional) ha dicho que la ex modelo de Playboy puede reclamar parte de la herencia, derecho que otro tribunal le había negado. Ustedes me dirán, pero yo creo que la chica se lo merece, porque casarse a los 26 con un señor de casi 90 merece una recompensa. Además, ella ha sabido invertir todo lo aprendido (y aprehendido) durante el matrimonio, porque hay que ver lo guapa y estupenda que está. Vale que sigue siendo una barbie de catálogo, pero antes era como más de periferia. Seguro que muchos de ustedes recuerdan a la princesa Haya de Jordania, hija de Huseín y belleza árabe como pocas. Hace no muchos años, la princesa se paseaba con soltura más que occidental por los hipódromos de medio mundo, entre ellos el de Cotogrande de Vigo o el de Casas Novas de Arteixo. Los fotógrafos quedaban alelados por el aspecto de esta hija de rey de rostro angelical. Con los años, la princesa se casó y, algo habitual en todas las mujeres pero que alcanza tintes dramáticos entre las árabes, se apartó de la circulación. Su esposo, el jeque Mohammad de los Emiratos Árabes Unidos, es mucho mayor que ella y seguramente más apegado a sus tradiciones. Pero ahora la princesa Haya parece haber vuelto al panorama internacional y este fin de semana ha sido elegida en Kuala Lumpur presidenta de la Federación Hípica Internacional, a la que pertenece nuestra infanta doña Pilar .