CONTAR un chiste verde en según y que ocasión puede constituir motivo de acoso sexual en el trabajo. Tal vez uno de cada dos mil chistes que se cuenten en el ámbito laboral delante de mujeres pueda tener como resultado que alguna se sienta acosada por quien lo cuenta, pero no parece que, en la generalidad, por muy zafio que sea el chascarrillo, pueda ser constitutivo de acoso sexual. El caso es que el chiste entró en la estadística del 15%, igual que las miradas fuera de lo normal o el tradicional piropo subido de tono. Estas circunstancias entran dentro del llamado acoso técnico que admiten el 15% de las trabajadoras, en tanto que el otro, el acoso del que toca, del que acorrala en el pasillo, del baboso que hace la vida imposible a los demás, del jefe que quiere mandar y poseer, del que se cree con sus derechos y con los de los demás, del que se aprovecha de su posición para pedir lo que no debe a cambio de la promoción laboral, ese acoso en sus expresiones más graves afecta al 2,2% de las españolas y, en una expresión más amplia, al 9,9% El principal problema que genera el acoso sexual en el trabajo es que las denuncias apenas prosperan, porque las pruebas casi nunca existen. Y si el objetivo es que todo el mundo tome conciencia del problema, muy pocos van a entender que se considere acosador a quien cuenta un chiste por mucho sexo que contenga. Y al final lo que va a sonar a chiste es la credibilidad de la noticia.