La escoba

MEDIO FERRADO | O |


ME dirán que si estamos pasados de rosca y que cómo puede ser que un domingo de estos en que uno se dedica más que nada al churrasco acabemos hablando de la transculturación, concepto de la ciencia antropológica. Pues así es. El churrasco mismo es transculturación: un uso de otras culturas (las de los llanos de América del Sur) adaptado con provecho a la nuestra.Pero no era esa la transculturación del caso, sino otra, la de las creencias antiguas que persisten y aún nos condicionan. Se trata de la escoba. En la aldea, cada cual tiene su escoba para barrer el porche o la terraza. Se puede guardar en un armarito o en un paragüero, y en este caso queda patas arriba, con el cepillo hacia el cielo. Llega una pareja del lugar y mira de reojo a la pobre herramienta, con mal gesto. ¿Por qué? La escoba, instrumento de brujas, tiene sus poderes. Según la superstición, si la colocas boca arriba, las visitas pesadas se marcharán sin tardar. Y ahí viene el problema. Uno no es supersticioso, pero si la visita lo es y ve la escoba del revés, el mensaje está claro. Así que, los días de visitas, la escoba sale de su agujero y se apoya como Dios manda en cualquier esquina, con lo que uno tropieza con ella y casi se mata, y debe abandonar los placeres del churrasco para pensar en la transculturación, en la posición de la escoba y en que el próximo que hable de ella acabará llevando unos escobazos, que ese es otro poder de la escoba válido para todas las culturas.

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