EL PARTIDO Popular ha decidido al fin que la realidad es mucho más tozuda que la estricta disciplina política de sus dirigentes. Por lo que parece se han percatado de que entre ellos mismos hay ciudadanos que aunque compartan sus idearios políticos no siguen las mismas directrices a la hora de compartir la cama, aunque estén empeñados en que los homosexuales no disfruten de los mismos derechos civiles que los demás. Son listos. Por eso han reculado (con perdón). No se puede ir por la vida con los ojos vendados, sobre todo si se pretende dirigir un país en el que se ha demostrado que con las opciones sexuales, aunque no sean mayoritarias, también se puede ser democráticos y flexibles. El dirigente del PP gallego demuestra ser mucho más avispado que su jefe nacional. Por eso se planta en la boda del concejal ourensano con su novio, y queda como un señor liberal, abierto, moderno. Y así se apunta tres calificativos que no suelen corresponderse con su partido. Aunque cuando pudieron dar su apoyo votaron en contra, ahora están en el festín. No están solos. Hay gais a los que esta nueva ley ha venido a fastidiarles su estatus con la posibilidad que ha quedado abierta para el casorio. Conozco a uno alérgico al aburguesamiento matrimonial y todo lo que conlleva, que está muy disgustado con Pedro Zerolo porque tras treinta años siendo un homosexual libre dice que de repente le han convertido en una solterona.