LA VERDAD, en ocasiones somos injustos con la clase política. Mucho. Tenemos en las venas el vicio de poner al pairo a sus señorías por las buenas. Que si son todos iguales. Que si vaya banda. Que si donde dicen digo luego dicen Diego... Pues igual vamos a tener que cambiar de opinión. Igual tienen más capacidad de diálogo de la que suelen lucir. A lo mejor esconden una cinturita para la negociación que no les gusta enseñar públicamente. Con la misma, resulta que son adictos al consenso. Y nosotros, sin saberlo. No hay más que ver lo rápido que los diputados autonómicos se han puesto de acuerdo para pegarle una patada para arriba de un 10% a sus sueldos. Los tres grupos de la mano. Sin fisuras. Como debe ser. Y los timidones, para no molestar, sellaron su acuerdo en una reunión secreta. Sin ninguna publicidad. Sin hacer ruidito... Más majos. La práctica totalidad de nuestros representantes en el Parlamento gallego pasarán a ingresar un mínimo de 53.604 euros brutos cada año. Pues nada. A gastarlos con garbo. Y con buena salud. En fin. Que la unanimidad también existe. Que no todo son enzarzadas. Ni polémicas. Ni puyazos entre bancadas. También hay buen rollo. Quizá, más buen rollo del que se aparenta. ¿Y a usted qué le parece el asunto? Lo digo porque, al fin y el cabo, es el que les paga. ¿No le han preguntado? Raro. Pero no piense mal. Si todo se hizo jugando al escondite fue, seguro, para no estorbar.