América, América

BLANCA RIESTRA

SOCIEDAD

TRAS cuatro meses en Nuevo México he de confesar que sigo sin entender los Estados Unidos. Frente a las ideas previas que barajamos en Europa, USA me ha sorprendido con muchas cosas buenas. A saber: se trata de uno de los países menos racistas que conozco. Pero también como uno de los más pobres. Sin embargo, hasta esta pobreza generalizada tiene algo de balsámico. Es un capitalismo básico, de consumidores de clase media baja, que recuerda un poco al sueño de las izquierdas, es como una aplicación generalizada de un comunismo distinto, (de chándal y coche familiar) que quizás haya funcionado a su manera. ¿Funciona? -me pregunto frente a los tendederos eléctricos y las azoteas que se ven desde mi ventana sobre un fondo de desierto-. Uno estaría tentado a rendirse a la evidencia de que sí, si no fuese porque hay verdaderos problemas irreconciliables para nosotros europeos: el precio de la enseñanza y la asistencia médica, exorbitantes. Los locos por las calles, mendigando. Henry James dijo que la virtud o el defecto esencial de los americanos es la obsesión moral. Para mí es el sentimentalismo. Y, ¡cuidado!, el sentimentalismo es una materia muy proteica. Puede servir de base para cualquier exceso. Voltaire se hubiese tirado de los pelos. Y es que en el sentimentalismo está en la raíz de la pena de muerte, de la guerra, ya se sabe. Cuando el sentimentalismo reemplaza a la cultura, ha llegado la hora de correr.