No son las rebajas. No persiguen a George Clooney. No llegan tarde a ningún casting de OT. Es algo mucho peor, yo diría que sin precedentes. Estas chicas con cara de «como me caiga me parto los dientes» son las participantes de la Stiletto Run Race, es decir, la primera carrera de tacones de aguja, organizada por la revista Glamour. Sucedió ayer en Amsterdam y consistió en lanzarse calle abajo a correr 150 metros de empedrado holandés con zapatos con un mínimo de siete centímetros de altura. No sé cuántos stilettos rompieron ni cuántas se esnafraron, pero a mí me da la impresión de que alguna hizo trampa y se calzó botas que no daban la talla. La ganadora fue Nancy Klaver, que por llegar la primera, y de una pieza, ahora podrá gastarse 10.000 euros en ropa. Bueno, porque no concursaba la de Sexo en Nueva York. Los zapatos de las holandesas no les llegarían a la suela a los Manolos de Carrie Bradshaw. escribí su nombre pensando en ella», cantarían Los Secretos. Y Pete Doherty, el niño malo del rock británico, lo hizo. Se declaró a Kate Moss en público, ante los fotógrafos que lo esperaban en un tribunal de Londres para ser juzgado por posesión de drogas. Doherty escribió «I love Kate 4 ever» (amo a Kate para siempre) con un rotulador azul en la ventanilla salpicada de lluvia de su Jaguar dorado. El chico sigue enamorado de la modelo, que ahora lleva parches de acupuntura en la oreja (dicen que para curarse de su adicción a la cocaína). ¿Lo querrá ella todavía? Por cierto, que el escándalo no ha impedido a Moss volver a liderar el palmarés de las mujeres mejor vestidas de Gran Bretaña. Lo inaudito es que este año Camilla Parker se ha aupado al puesto número 10 y la empiezan a considerar un icono de la moda. Que tiemblen Nati Abascal, la infanta Elena e Isabel Preysler. Hay miradas que lo dicen todo Como la de Jaume Matas, presidente de las Baleares, que no quitó ojo a la rubia Anna Kournikova. La tenista rusa presentó en Berlín el torneo de golf Mallorca Classic, que antes ya promocionaron Claudia Schiffer y Boris Becker. El político popular sabe que una imagen vale más que mil discursos. Pamela Bach ha acusado ante un juez a su ex marido David Hasselhoff, el vigilante de la playa, de haber abusado de ella. Todo apunta a que el divorcio va a convertirse en un culebrón californiano.