MEDIO FERRADO

19 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

CRUJIR era hasta ahora un verbo intransitivo, pero está dejando de serlo porque hay cada vez más ciudadanos (esos elementos que emiten improperios pero también emiten su pequeña radiación de soberanía democrática) que sienten en sus huesos el ruido provocado por múltiples presiones. Y van por la vida como iban las naves de Colón a primeros de octubre: rechinando y con muy poca fe. ¿Quién los hace crujir y los deja crujidos ? Primero, el ayuntamiento, tan preocupado últimamente por el civismo que al que tire una colilla al suelo, o un paquete de chicle, le destina una multa que oscilará entre los 20 euros de la villa rural con ansias de limpieza hasta los 700 de la capital de provincia con aires de megápolis. Segundo, la autoridad medioambiental, que le prepara sanciones de hasta 3.000 euros si por desgracia es propietario de un monte pero no tiene fondos, amigos o energía para limpiarlo de malezas. Tercero, la autoridad de Tráfico, que equipara la productividad de sus agentes de carretera con el número de denuncias, en cuantías diversas pero que no bajan de los 300 euros como te pases medio pelo de los 50 por hora, aunque la señal esté a sólo 20 metros de la anterior, que marcaba 80. En un mal día, uno puede quedarse en números rojos para el semestre. Autoridades democráticas, vigilen ustedes el cumplimiento de la ley, pero estudien también resistencia de materiales. La chepa del ciudadano pobre y sin padrinos no da para tanta carga.