La metrópoli global española

Andrés Precedo Ledo CATEDRÁTICO DE GEOGRAFÍA HUMANA DE LA USC

SOCIEDAD

Madrid ha logrado situarse en la cúspide del sistema urbano mundial, pero su éxito se ve oscurecido por las desigualdades sociales, la inseguridad o la contaminación

07 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Casi sin darnos cuenta, mientras otras ciudades parecían deslumbrarnos con sus imitativos, pero sugerentes planes estratégicos y con una absurda competencia basada en una arquitectura de márketing más cuestionable de lo que suele hacerse, nos encontramos con que la capital dio el paso más trascendental de las ciudades españolas: se convirtió en una de las privilegiadas ciudades mundiales o globales, como se quiera decir. Madrid está posicionada junto a las metrópolis mundiales de siempre, como Nueva York, Londres, París, Tokio o con otras fortalecidas, como Berlín, Hong-Kong, Tokio, Singapur, o nuevas, como Kuala-Lumpur y Dubái. Madrid, que en su candidatura olímpica exponía como primera razón el ser una ciudad que es punto de encuentro entre culturas, y que en su posicionamiento estratégico aspira a ser centro logístico intercontinental entre Europa, América Latina y África, es hoy la metrópoli global española. En torno a ella se ha creado un espacio funcional tributario que en las estrategias internacionales incluye a ciudades como Barcelona, que ha perdido posiciones cualitativas y competitividad, y Lisboa, que ve debilitada su refuerzo de capitalidad nacional. Varias son las razones que han contribuido a ese posicionamiento de Madrid en la cúspide urbana mundial: ser el centro de una extensa red de transportes y comunicaciones, su elección como sede central de grandes concentraciones empresariales españolas, albergar los centros de decisión de entidades financieras que figuran entre las más poderosas del mundo, ser sede de organizaciones internacionales y, muy particularmente, el que en la ciudad se establezcan las delegaciones de todas las empresas multinacionales de la nueva economía, de la sociedad del conocimiento. Algunas concreciones de todo ello se pueden encontrar al considerar el auge de su recinto ferial, con mucho el primero de España. También la industria cultural, cuyo predominio antes tenía la capital catalana, ha pasado al centro español. Pueden añadirse más razones: las flamantes ciudades financieras de bancos, el despegue del aeropuerto y otras realidades que son consecuencia de la globalización de la economía. Paralelamente se hizo un gran esfuerzo para modernizar las infraestructuras y los sistemas de transporte, como fue la culminación y ampliación de la red arterial o la prolongación y modernización del metro, o la ampliación del aeropuerto de Barajas y su conexión directa a la red de transportes metropolitanos. Madrid ofrece hoy una de los sistemas de transportes más modernos y eficientes del mundo, de ahí que en su candidatura a las Olimpiadas no haya tenido que ofrecer excesivas inversiones complementarias porque su nivel dotacional e infraestructural estaba ya preparado para cualquier acontecimiento internacional. Pero también Madrid tiene sus proyectos emblemáticos: el plan especial Recoletos-Prado y el Concurso Internacional Madrid Río.?El primero pretende remodelar el gran espacio museístico central, que incluye la ampliación del Prado y la remodelación urbanística del gran triángulo cultural (museos del Prado, Reina Sofia y Thyssen-Bornemisza), un centro de atracción mundial que hace de Madrid el principal centro del turismo cultural español. El segundo proyecto está iniciándose. Se trata de soterrar la M-30 entre el nudo Sur cerca de Legazpi hasta el puente de los Franceses, para después crear un sistema de zonas verdes (500.000 m2), áreas residenciales de avanzado diseño y nuevos equipamientos, como la Ciudad de las Artes. Región urbana Con todo, el proceso de metropolización hay que contemplarlo con una nueva visión: la conversión del área metropolitana monocéntrica actual en una región urbana formada por un sistema policéntrico de ciudades. La clave de esta transformación está en la red del AVE. Primero fue la línea a Sevilla, que llevó a Ciudad Real un nuevo impulso. Lo mismo ocurre en Toledo, ya unido por AVE, y en Segovia, donde las expectativas de su llegada han puesto en marcha interesantes oportunidades. A ello debe añadirse la consolidación de Guadalajara y Alcalá en el eje del Henares, un desarrollo axial pionero vinculado inicialmente a la autopista. Madrid tenderá a formar una ciudad-región policéntrica que se extenderá por seis provincias y tres comunidades, lo cual en sí mismo constituye un reto futuro para la planificación y la coordinación. Conexión global Madrid, por tanto, en la cúspide del sistema urbano mundial, es para todas las ciudades ibéricas el centro estratégico de conexión con la globalización, y es por eso una metrópoli global. Pero como todas la grandes ciudades, los problemas son globales, y Madrid tiene también otra cara de la moneda, donde la inseguridad, la amenaza del terrorismo, la violencia, el crimen organizado, la delincuencia, los conflictos étnicos, la contaminación, el deterioro de amplios espacios antiguos y la formación de bolsas de pobreza y marginalidad o la formación de guetos dibujan el otro mapa de la ciudad. Los brillantes trazos de una metrópoli global desde el punto de vista económico, con ventajas innegables, se quedan ensombrecidas por los trazos tristes de los graves problemas sociales, que en parte son resultado de los problemas de desigualdad que a nivel mundial existen, porque no en vano las ciudades globales acumulan el haz y el envés de la globalización. Dos imágenes que no siempre tienden a converger, y que convierten a las grandes metrópolis en los nodos de una red urbana que hemos denominado el cuarto mundo. Algo de eso ocurre en todas las urbes, pero en las mayores los problemas se acumulan, aunque sólo sea por razón del tamaño. Madrid, como Nueva York, París o Londres, representan la doble imagen de la ciudad como oportunidad y la ciudad como problema.