COMO TENEMOS el vicio de copiar al yanqui metido en la sangre hay que prepararse para lo que, con muy mala suerte, podría venir del otro lado del charco. Ojo a sus dos últimas perlas. La primera ya es un clásico. Tangana mediática en la final de la Superbowl. Después de la que se montó en el 2004 con la teta de Janet Jackson se nota que ahora andan cautos. No vaya a ser. Y lo mejor es tirar de tijera y censura para cerrarle el micro a Jagger en la actuación de los Stones del domingo pasado. ¿Para qué? Para evitar palabras de contenido sexual. ¿Qué pasaría en la piel de toro si se mimetizase tan avanzada postura? Ya puede temblar hasta la Jurado, que también tiene alguna cancioncilla subidita de tono. Y Manolo Escobar -ese clásico- y el carro que le robaron. Que igual invita a delinquir. Y que se vayan poniendo firmes Bono y sus tropas. Que el Pentágono se ha arrancado con un nuevo cursillo para los militares de la capital del imperio. Para que seleccionen bien con quién van a compartir lecho conyugal. Cómo evitar casarse con un (o una) imbécil es el lema del cursillo. Las consecuencias de copiar también esto ya serían equiparables a un circo de tres pistas. ¿Se imaginan? Y, puestos, que nos ayuden también a todos a decidir con quién dormimos. Con quién hablamos. A quién miramos. Y en qué pensamos. ¿Les parece exagerado? Bueno. También lo parecían otras cosas... Hasta que, con la misma, las copiamos. Y punto.